La resurrección de Cristo no es solamente un acontecimiento que ocurrió en el pasado. Para el creyente, la resurrección de Jesús también representa una nueva manera de vivir.
El que ha resucitado con Cristo ya no puede continuar viviendo exactamente como antes. Su manera de pensar cambia, sus prioridades cambian, aquello que busca cambia y, sobre todo, cambia la dirección de su mirada.
El resucitado tiene una mirada diferente. No vive dominado únicamente por las circunstancias terrenales, sino que aprende a levantar sus ojos hacia Dios, depender de Él y buscar las cosas de arriba.
La pregunta que debemos hacernos no es solamente:
“¿Creo en la resurrección de Cristo?”
Sino también:
“¿Mi vida demuestra que he resucitado con Cristo?”
Porque una vida resucitada debe mostrar evidencias de una vida transformada.
No se trata simplemente de identificar quiénes serán resucitados físicamente en el futuro, sino de comprender qué características deben existir hoy en aquellos que han sido levantados espiritualmente con Cristo.
Colosenses 3:1 (RV1960)
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
“RESUCITADO CON CRISTO”
SUNEGEÍRO
συνεγείρω — synegeírō
La idea es resucitar juntamente con, levantar juntamente con otro.
Esto nos enseña que la vida cristiana no consiste únicamente en admirar la resurrección de Jesús, sino en participar espiritualmente de esa nueva vida.
¿Qué significa esto para nosotros?
Que el creyente debe dejar atrás una manera antigua de vivir.
La resurrección espiritual implica:
- una nueva posición en Cristo;
- una nueva manera de pensar;
- nuevas prioridades;
- nuevos deseos;
- una nueva dirección;
- una nueva relación con Dios.
Efesios 2:5-6 (RV1960)
“Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”
Pablo vuelve a presentar la misma idea: estábamos muertos, pero Dios nos dio vida y nos levantó juntamente con Cristo.
Romanos 6:1-5 (RV1960)
“¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?
En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.”
Aquí aparece una verdad fundamental:
El que participa de la muerte de Cristo también debe manifestar una vida nueva.
No podemos hablar de resurrección sin hablar de transformación.
Efesios 5:14 (RV1960)
“Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo.”
La palabra resaltada es:
“Y TE ALUMBRARÁ CRISTO”
El resucitado es alguien que despierta.
Hay personas que físicamente están despiertas, pero espiritualmente están dormidas.
Una persona espiritualmente dormida puede:
- escuchar la Palabra y no reaccionar;
- conocer la voluntad de Dios pero no obedecerla;
- acostumbrarse a vivir en condiciones que deberían producir arrepentimiento;
- perder sensibilidad espiritual;
- dejar de buscar a Dios.
Pero Cristo llama:
“Despiértate.”
La vida resucitada comienza con una respuesta al llamado de Dios.
Juan 11:44 (RV1960)
“Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.”
“ATADAS”
Lázaro había recibido vida, pero todavía llevaba las señales de su antigua condición.
Jesús lo resucitó, pero después dio una orden:
“Desatadle, y dejadle ir.”
Esto contiene una enseñanza espiritual muy importante.
Hay personas que han recibido vida nueva, pero todavía existen cosas que necesitan ser quitadas de sus vidas.
Puede haber:
- hábitos antiguos;
- resentimientos;
- amargura;
- pensamientos incorrectos;
- dependencias;
- relaciones que conducen al pecado;
- heridas no entregadas a Dios;
- temores;
- falta de perdón.
Estar vivo no significa que ya no haya vendas que quitar.
Por eso necesitamos permitir que Cristo siga trabajando en nosotros.
Colosenses 3:2 (RV1960)
“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
“PONED LA MIRA EN LAS COSAS DE ARRIBA”
La palabra mira habla de aquello en lo que concentramos nuestra mente, atención y prioridades.
El resucitado no deja que la tierra determine completamente la dirección de su vida.
Esto no significa ignorar nuestras responsabilidades terrenales.
Significa que las cosas de arriba gobiernan la manera en que enfrentamos las cosas de abajo.
Nuestra mirada determina muchas veces nuestra conducta.
Si nuestra mirada está permanentemente puesta en:
- problemas,
- dinero,
- dificultades,
- personas,
- conflictos,
- circunstancias,
podemos terminar viviendo dominados por ellas.
Pero cuando levantamos nuestros ojos hacia Dios, recordamos que nuestra esperanza no está limitada a lo que vemos.
Salmos 145:14 (TNM)
“Jehová está sosteniendo a todos los que van cayendo, y está levantando a todos los que están encorvados.”
“ENCORVADOS”
Una persona encorvada tiene dificultad para mirar hacia arriba.
Espiritualmente también podemos vivir encorvados por:
- preocupaciones;
- cargas;
- fracasos;
- decepciones;
- problemas familiares;
- temores;
- cansancio espiritual.
Pero el texto declara que Jehová levanta al que está encorvado.
Esto es precioso porque Dios no solamente nos manda levantar la mirada; también nos ayuda a levantarnos.
Proverbios 4:25 (TLA)
“Pon siempre tu mirada en lo que está por venir.”
El resucitado no vive prisionero del pasado.
Hay personas que no pueden avanzar porque constantemente están mirando:
- lo que perdieron;
- lo que les hicieron;
- sus errores;
- sus fracasos;
- sus antiguas etapas.
Pero Dios nos enseña a mirar hacia adelante.
No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos permitir que Dios transforme nuestro presente y dirija nuestro futuro.
El resucitado aprende a mirar hacia adelante.
Salmos 123:1 (RVC)
“Cántico gradual. 1 Hacia ti, Señor, levanto mis ojos; hacia ti, que habitas en los cielos.”
“LEVANTO MIS OJOS”
Esto habla de dirección.
El salmista sabe hacia dónde debe mirar.
No dice simplemente:
“Levanto mis ojos.”
Dice:
“Hacia ti, Señor.”
El problema no es solamente tener los ojos abiertos.
El problema es saber hacia dónde estamos mirando.
Salmos 123:2 (RVC)
“Nuestros ojos están puestos en ti, Señor y Dios nuestro, como los ojos de los siervos y las siervas que miran atentos a sus amos y sus amas; ¡esperamos que nos muestres tu bondad!”
La expresión resaltada es:
“NUESTROS OJOS ESTÁN PUESTOS EN TI”
El siervo permanece atento a su señor.
Esto representa:
- dependencia;
- expectativa;
- obediencia;
- atención;
- confianza.
Una persona que ha resucitado con Cristo aprende a decir:
“Señor, mis ojos están puestos en ti.”
No significa que no existan problemas.
Significa que los problemas no tienen la última palabra.
Salmos 123:1 (TLA)
“SALMO 122 1a Cántico para las peregrinaciones 1-2 1b-2 Dios, rey de los cielos, de ti dependemos, como dependen los esclavos de la compasión de sus amos. Dios nuestro, de ti dependemos y esperamos que nos tengas compasión.”
La expresión resaltada es:
“DE TI DEPENDEMOS”
Aquí encontramos otra característica del resucitado:
No confía exclusivamente en sus propias fuerzas.
La autosuficiencia espiritual es peligrosa.
El resucitado reconoce:
“Necesito a Dios.”
Necesitamos de Él:
- para permanecer firmes;
- para tomar decisiones;
- para vencer la tentación;
- para soportar las pruebas;
- para mantener nuestra fe;
- para continuar caminando.
La dependencia de Dios no es debilidad; es una posición de confianza.
Daniel 4:34 (LBLA)
“Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación.”
La expresión resaltada es:
“ALCÉ MIS OJOS AL CIELO”
Hay una relación muy significativa en este texto:
Alzó sus ojos → recobró su razón → reconoció a Dios → adoró a Dios.
Cuando la mirada vuelve a Dios, nuestra perspectiva también puede cambiar.
Nabucodonosor había llegado a una condición de orgullo y autosuficiencia, pero llegó el momento en que reconoció quién estaba realmente por encima de él.
“RECobré mi razón”
El encuentro con la grandeza de Dios produce una corrección de nuestra perspectiva.
Cuando miramos solamente nuestras circunstancias, podemos pensar:
“Todo depende de mí.”
Pero cuando levantamos los ojos al cielo recordamos:
Dios sigue reinando.
Su dominio es eterno.
Su reino permanece.
Su poder no depende de nuestras circunstancias.
Hay momentos en los que necesitamos detenernos y levantar nuestros ojos.
Antes de tomar una decisión.
Antes de responder.
Antes de rendirnos.
Antes de permitir que el temor gobierne nuestro corazón.
Miremos hacia arriba.
Lucas 9:16 (LBLA)
“Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente.”
La expresión resaltada es:
“LEVANTANDO LOS OJOS AL CIELO”
Jesús tenía delante una necesidad enorme:
Cinco panes y dos peces frente a una multitud.
Humanamente parecía insuficiente.
Pero Jesús levantó los ojos al cielo.
Esto nos enseña un principio:
El resucitado no mide sus posibilidades únicamente por lo que tiene en las manos, sino por quién tiene el control desde el cielo.
DIOS PUEDE HACER MUCHO CON LO POCO
Lucas 9:17 (LBLA)
“Todos comieron y se saciaron; y se recogieron de lo que les sobró de los pedazos: doce cestas llenas.”
Primero:
Poco en las manos humanas.
Después:
Abundancia en las manos de Dios.
Esto también puede aplicarse a nuestra vida.
Quizá pensamos:
“No tengo suficiente.”
“No puedo.”
“No sé cómo hacerlo.”
“No tengo los recursos.”
“No tengo fuerzas.”
Pero debemos aprender a levantar nuestros ojos al cielo.
Porque lo que parece insuficiente en nuestras manos puede convertirse en instrumento cuando está bajo la dirección de Dios.
EL RESUCITADO NO QUITA SUS OJOS DE JESÚS
La última diapositiva presenta a Pedro caminando sobre el agua.
Mateo 14:29 (LPD)
“Ven”, le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pedro comenzó bien.
Escuchó la palabra de Jesús.
Salió de la barca.
Caminó hacia Él.
Pero algo ocurrió.
Mateo 14:30 (LPD)
“Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: ‘Señor, sálvame’.”
La expresión resaltada es:
“AL VER LA VIOLENCIA DEL VIENTO”
Aquí encontramos una advertencia para el resucitado:
No basta comenzar mirando a Jesús; debemos continuar mirándolo.
Pedro comenzó mirando a Cristo.
Después miró el viento.
Y cuando cambió su mirada, comenzó a hundirse.
El perfil de los resucitados no se define solamente por una confesión verbal.
Se demuestra mediante una vida que ha cambiado de dirección.
El que ha resucitado con Cristo despierta.
El que ha resucitado con Cristo abandona las antiguas ataduras.
El que ha resucitado con Cristo busca las cosas de arriba.
El que ha resucitado con Cristo levanta sus ojos hacia Dios.
El que ha resucitado con Cristo depende del Señor.
El que ha resucitado con Cristo reconoce que Dios sigue reinando.
Y el que ha resucitado con Cristo aprende a mantener sus ojos puestos en Jesús aun cuando los vientos sean fuertes.
La gran enseñanza de este estudio es que la dirección de nuestra mirada revela mucho acerca de la condición de nuestro corazón.
Podemos estar rodeados de problemas y seguir mirando a Dios.
Podemos tener poco y seguir mirando al cielo.
Podemos atravesar una tormenta y seguir mirando a Jesús.
Porque el resucitado entiende que su esperanza no está en lo que ocurre alrededor, sino en Aquel que está arriba.
Por eso la Palabra nos dice:
“Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.”
Que nuestra vida pueda demostrar que verdaderamente hemos resucitado con Cristo.
Que podamos despertar.
Que podamos ser desatados.
Que podamos levantar nuestros ojos.
Que podamos depender de Dios.
Y que, aun cuando el viento sea fuerte, nunca quitemos nuestros ojos de Jesús.
“EL QUE HA RESUCITADO CON CRISTO CAMBIA SU DIRECCIÓN, CAMBIA SU MIRADA Y APRENDE A VIVIR DEPENDIENDO DE DIOS.”