La Biblia revela que el hombre no solamente hereda rasgos físicos de sus antepasados, sino también formas de pensar, patrones de conducta y consecuencias producidas por el pecado. Sin embargo, el Evangelio anuncia una verdad gloriosa: la sangre preciosa de Jesucristo tiene poder para redimirnos completamente y romper toda cadena que haya marcado nuestra vida.
Cuando hablamos de los pies, no nos referimos únicamente a una parte física del cuerpo, sino a todo aquello que representa nuestro caminar, nuestras decisiones, nuestro destino y el propósito que Dios ha preparado para nosotros.
Hay personas que constantemente experimentan tropiezos, fracasos repetitivos, inestabilidad, falta de dirección o incapacidad para permanecer firmes en el propósito de Dios. Muchas veces esos patrones parecen repetirse generación tras generación.
Este estudio nos enseñará que Cristo no solamente perdonó nuestros pecados, sino que mediante Su sangre abrió un camino completamente nuevo para que caminemos en libertad, firmeza y victoria.
- LA SANGRE DE CRISTO ES LA BASE PARA ROMPER TODA HERENCIA DE PECADO
1 Pedro 1:2 (RV1960)
Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas.
Fuimos elegidos por Dios Padre, santificados por el Espíritu Santo y rociados con la sangre de Jesucristo. Todo proceso de restauración comienza en la obra perfecta de Cristo.
La santificación no es únicamente dejar de hacer el mal; también significa que Dios nos aparta para un nuevo caminar.
El creyente ya no pertenece al sistema del mundo, sino al Reino de Dios.
1 Pedro 1:18 (Spanish LBLA) sabiendo que no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata,
1 Pedro 1:19 (Spanish LBLA) sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.
El material enfatiza una verdad muy importante:
“…vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres…”
- Aquí encontramos uno de los fundamentos del estudio.
- Pedro reconoce que existen maneras de vivir heredadas.
- No necesariamente significa que heredamos la culpa del pecado de nuestros padres, sino costumbres, modelos familiares, conductas y formas de actuar que pueden alejarnos del propósito de Dios.
- Pero inmediatamente presenta la solución:
- No fuimos redimidos con oro ni plata.
- Fuimos redimidos con la sangre preciosa de Cristo.
- Esto significa que ninguna herencia espiritual negativa es más poderosa que la sangre del Señor Jesucristo.
- La sangre tiene autoridad para cancelar aquello que el hombre no puede romper por sí mismo.
Muchos creyentes viven culpando a su pasado.
Otros viven culpando a sus padres.
Pero el Evangelio nos enseña que nuestra identidad ya no depende de nuestros antepasados, sino de Cristo.
Cuando Cristo nos redime, comienza una nueva historia.
LOS PIES REPRESENTAN NUESTRO CAMINAR
Después de hablar acerca de la sangre de Cristo, el material presenta una secuencia muy interesante:
- La espalda
- La barba
- La frente
- Las manos
- Los pies
- El costado
Cada parte del cuerpo posee un significado espiritual dentro del plan redentor.
En esta ocasión el estudio se enfoca en los pies.
Los pies representan:
- Nuestro caminar.
- Nuestro destino.
- Nuestro propósito.
- Las decisiones que tomamos.
- El rumbo de nuestra vida.
Cuando los pies están espiritualmente afectados, la persona pierde estabilidad.
Camina sin dirección.
Tropieza constantemente.
Se desvía del propósito de Dios.
Pero cuando Cristo sana nuestros pies espirituales, entonces comenzamos a caminar firmemente en Su voluntad.
- No basta con comenzar bien.
- El verdadero desafío del creyente es terminar bien el camino que Dios le ha trazado.
EL PRIMER HOMBRE CUYO CAMINAR FUE MALDECIDO: CAÍN
El material continúa llevándonos al libro de Génesis, donde encontramos uno de los primeros ejemplos de cómo el pecado afecta el caminar del hombre. Después de derramar la sangre de su hermano Abel, Caín recibió una sentencia que transformó completamente su vida.
Génesis 4:11 (RV1960)
“Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano.”
Esta declaración muestra que el pecado no solamente produjo culpa en Caín, sino también consecuencias sobre su caminar. La tierra, que debía ser un lugar de provisión, ahora sería un testigo permanente de su desobediencia.
Dios no maldijo simplemente el trabajo de Caín; la consecuencia alcanzó toda su forma de vivir. El hombre que fue creado para administrar la tierra ahora tendría una relación quebrantada con ella.
- El pecado siempre deja consecuencias.
- Aunque Dios ofrece perdón al pecador arrepentido, el pecado produce heridas, pérdidas y caminos difíciles cuando no es tratado a tiempo.
- Muchas familias viven hoy las consecuencias de decisiones tomadas años atrás. Violencia, rechazo, abandono, divisiones y hábitos pecaminosos pueden repetirse de generación en generación cuando nadie decide romper ese ciclo buscando al Señor.
- Sin embargo, Cristo vino precisamente para restaurar lo que el pecado destruyó.
TROPESAR=KASHAL: EL PELIGRO DE TROPEZAR CONSTANTEMENTE
El material presenta la palabra hebrea:
KASHAL
Con el significado:
- Tropezar.
- Tambalearse.
- Caerse.
- Sentirse débil.
- Fracasar.
Esta palabra describe mucho más que una caída física.
Habla de una persona que pierde estabilidad en diferentes áreas de su vida.
Puede comenzar bien, pero no logra mantenerse firme.
Puede avanzar un tiempo, pero vuelve a caer.
Puede levantarse una y otra vez, pero continúa repitiendo los mismos errores.
Muchos creyentes no viven derrotados porque les falte capacidad, sino porque continuamente tropiezan en las mismas áreas.
Algunos tropiezan con el orgullo.
Otros con la amargura.
Otros con el temor.
Otros con la inmoralidad.
Otros con la falta de perdón.
Cada tropiezo retrasa el propósito de Dios para la vida del creyente.
Por eso el Señor desea fortalecer nuestros pies espirituales para que caminemos con firmeza.
EL TROPIEZO PUEDE CONVERTIRSE EN UN PATRÓN
Cuando una persona no permite que Dios sane su corazón, los tropiezos dejan de ser un accidente y se convierten en una forma de vida.
Caín comenzó con envidia.
La envidia produjo ira.
La ira produjo homicidio.
Después del homicidio vino la maldición.
Finalmente apareció una vida sin estabilidad.
Así trabaja el pecado.
Nunca permanece pequeño.
Siempre produce consecuencias mayores.
Existen personas que dicen:
“Siempre me pasa lo mismo.”
“Todo me sale mal.”
“Nunca termino lo que comienzo.”
“Siempre fracaso.”
Es importante examinar nuestro corazón delante del Señor y permitir que el Espíritu Santo revele si existen áreas que necesitan ser restauradas.
Cristo no solamente perdona pecados; también restaura el caminar del creyente.
ERRANTE Y EXTRANJERO
Génesis 4:12 (RV1960)
“Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra.”
El material explica la expresión:
“Que va de un lugar a otro sin tener residencia o emplazamiento fijos o destino determinado; sin propósito.”
Este concepto describe una vida sin dirección.
No significa únicamente cambiar de lugar geográfico.
Representa a una persona que vive sin identidad, sin estabilidad y sin propósito definido.
Hoy podemos encontrar personas que:
- Cambian constantemente de proyectos.
- Nunca permanecen en una decisión.
- Comienzan muchas cosas, pero no concluyen ninguna.
- No logran echar raíces espirituales.
- Nunca encuentran paz porque viven buscando algo que solamente Dios puede dar.
Dios jamás diseñó al creyente para vivir perdido.
Cristo dijo que Él es el Camino.
Cuando caminamos con Él, dejamos de ser errantes y comenzamos a avanzar con propósito.
El Señor afirma nuestros pasos, establece nuestro destino y nos guía hacia el cumplimiento de Su voluntad.
VII. DIOS QUIERE CAMBIAR NUESTRO CAMINAR POR UN CAMINO DE VICTORIA
Después de mostrarnos el caminar errante de Caín, el estudio presenta el contraste perfecto. Mientras el pecado produce inestabilidad, Dios promete entregar al creyente un caminar de conquista y victoria.
No fuimos llamados para vivir retrocediendo, sino para avanzar en las promesas del Señor.
La restauración de nuestros pies significa que dejamos de caminar bajo las consecuencias del pasado y comenzamos a caminar conforme al propósito de Dios.
TODO LUGAR QUE PISEN TUS PIES
Josué 1:3 (LBLA)
“Todo lugar que pise la planta de vuestro pie os he dado, tal como dije a Moisés.”
Este pasaje fue pronunciado cuando Israel estaba a punto de entrar en la Tierra Prometida. Moisés había muerto y Josué debía conducir al pueblo hacia la conquista.
La promesa de Dios no consistía únicamente en entregar una tierra, sino en otorgar autoridad para tomar posesión de aquello que Él ya había preparado.
Observemos que Dios no dijo: “Todo lugar que miren”, ni “Todo lugar que deseen”, sino:
“Todo lugar que pise la planta de vuestro pie…”
Esto nos enseña que la fe siempre debe ir acompañada de obediencia y acción.
Israel debía caminar.
Debía avanzar.
Debía conquistar.
No podía quedarse inmóvil esperando que las promesas descendieran por sí solas.
Muchos creyentes conocen las promesas de Dios, pero nunca las disfrutan porque permanecen detenidos por el miedo, la incredulidad o las heridas del pasado.
Dios quiere sanar nuestros pies para que volvamos a caminar.
Hay territorios espirituales, ministeriales y familiares que solamente serán conquistados cuando decidamos avanzar confiando en Su Palabra.
KAF-RÁGUEL
El material presenta el significado de esta expresión hebrea:
KAF-RÁGUEL
Palma o planta del pie.
Además, señala un concepto muy interesante:
“Firma de escritura.”
Esta observación nos permite comprender que, en el pensamiento bíblico, la planta del pie no solamente representa caminar, sino también tomar posesión de aquello que legalmente pertenece a una persona.
Así como una firma valida un documento, la planta del pie simboliza la confirmación visible de una posesión.
Cuando el pueblo de Israel pisaba la tierra prometida, estaba confirmando con obediencia que aceptaba la herencia dada por Dios.
Existen creyentes que viven como si fueran extranjeros dentro de las promesas de Dios.
Conocen la bendición, pero no la disfrutan.
Conocen la paz, pero viven angustiados.
Conocen la libertad, pero continúan caminando como esclavos.
Cuando Cristo restaura nuestros pies, comenzamos a caminar con la seguridad de quienes saben que son hijos de Dios y herederos de Sus promesas.
LA SANDALIA COMO SÍMBOLO DE REDENCIÓN
Rut 4:7 (LBLA)
“Y la costumbre en tiempos pasados en Israel tocante a la redención y el intercambio de tierras para confirmar cualquier asunto era ésta: uno se quitaba la sandalia y se la daba al otro; y esta era la manera de confirmar en Israel.”
El libro de Rut presenta una hermosa figura de la redención.
En aquella época, quitarse la sandalia era una forma pública de confirmar un derecho legal relacionado con una propiedad o con la redención de un familiar.
La sandalia representaba el derecho de caminar sobre una propiedad y reconocer legítimamente su posesión.
El acto era una evidencia visible de que un asunto había quedado establecido delante de los testigos.
NAÁL
- Sandalia.
- Casarse.
Este detalle es profundamente significativo.
La sandalia aparece relacionada con la redención y también con el matrimonio.
En el contexto de Rut, ambos conceptos se unen: hubo un redentor que asumió legalmente la responsabilidad de rescatar una herencia y formar una familia.
Cristo es nuestro Redentor perfecto.
Él pagó el precio de nuestra salvación con Su propia sangre.
Así como Booz redimió a Rut y restauró su futuro, Jesucristo restauró nuestra herencia espiritual.
Por eso ya no caminamos como personas rechazadas, sino como hijos reconciliados con el Padre.
Nuestros pies ya no representan derrota, sino pertenencia.
Ya no representan vergüenza, sino dignidad.
Ya no representan esclavitud, sino libertad.
CAMINAR COMO HIJOS REDIMIDOS
El creyente necesita comprender que cada paso que da debe reflejar la obra redentora de Cristo.
No podemos seguir caminando conforme a los patrones heredados del viejo hombre.
Ahora nuestro caminar debe caracterizarse por:
- Obediencia a la Palabra.
- Santidad.
- Fidelidad.
- Perseverancia.
- Fe.
- Dependencia del Espíritu Santo.
Cada decisión que tomamos debe demostrar que pertenecemos al Reino de Dios.
Los pies restaurados producen una vida que avanza con dirección, propósito y seguridad.
CUANDO LOS PIES SON HERIDOS, EL CAMINAR SE LIMITA
El material concluye presentando dos personajes bíblicos cuyas vidas estuvieron marcadas por problemas en los pies. Aunque las circunstancias fueron diferentes, ambos casos nos dejan profundas enseñanzas espirituales acerca de nuestro caminar con Dios.
MEFIBOSET: PIES HERIDOS POR CIRCUNSTANCIAS AJENAS
2 Samuel 4:4 (LBLA)
“Y Jonatán, hijo de Saúl, tenía un hijo lisiado de los pies. Este tenía cinco años cuando de Jezreel llegaron las noticias de la muerte de Saúl y Jonatán, y su nodriza lo tomó y huyó, pero sucedió que en su prisa por huir, él se cayó y quedó cojo. Su nombre era Mefiboset.”
La historia de Mefiboset es una de las más conmovedoras de las Escrituras. Él no quedó lisiado por una decisión propia, sino por un accidente ocurrido cuando era apenas un niño.
Esto nos enseña que muchas personas cargan heridas que no provocaron ellas mismas.
Hay quienes crecieron en hogares marcados por:
- Violencia.
- Rechazo.
- Abandono.
- Alcoholismo.
- Idolatría.
- Inmoralidad.
- Falta de amor.
Esas experiencias pueden dejar profundas marcas emocionales y espirituales que afectan la forma de caminar por la vida.
Mefiboset tenía derecho a la herencia del rey, pero su condición física limitaba su movilidad. De la misma manera, muchos creyentes conocen las promesas de Dios, pero las heridas del pasado les impiden disfrutarlas plenamente.
Las heridas de la infancia, las palabras de maldición, el rechazo y los traumas familiares pueden influir en la manera de pensar y actuar. Sin embargo, en Cristo ninguna herida tiene la última palabra.
Dios puede restaurar aquello que parecía perdido.
Él puede sanar los recuerdos.
Puede restaurar la identidad.
Puede devolver la dignidad.
Y puede levantar nuevamente al que durante años creyó que nunca volvería a caminar con libertad.
DIOS NO NOS DEFINE POR NUESTRAS HERIDAS
Aunque Mefiboset era cojo, más adelante Dios le permitió sentarse a la mesa del rey David como uno de sus hijos.
Esto nos recuerda una verdad maravillosa.
Nuestra condición no determina nuestra identidad.
Nuestra identidad la determina Dios.
El enemigo quiere que una persona viva recordando continuamente sus heridas.
Dios quiere que viva recordando Su gracia.
Mientras el mundo mira las limitaciones, Dios mira el propósito.
Mientras el hombre observa las cicatrices, Dios contempla la restauración.
Quizá algunas heridas familiares afectaron nuestro caminar durante muchos años.
Pero Cristo puede restaurar completamente nuestros pasos.
Su gracia es mayor que cualquier historia familiar.
ASA: CUANDO SE DEJA DE BUSCAR A DIOS
2 Crónicas 16:12 (LBLA)
“En el año treinta y nueve de su reinado, Asa se enfermó de los pies. Su enfermedad era grave, pero aun en su enfermedad no buscó al SEÑOR, sino a los médicos.”
El material concluye con el ejemplo del rey Asa.
Es importante notar que el problema principal no fue únicamente la enfermedad de sus pies.
La Escritura enfatiza que, en medio de su aflicción, Asa no buscó primeramente al Señor.
El corazón del pasaje está en la dependencia.
Dios no condena la atención médica; el énfasis del texto es que Asa puso su confianza exclusivamente en los recursos humanos, dejando de buscar a Aquel que podía sostenerlo espiritualmente.
Cuando un creyente deja de depender del Señor, su caminar comienza a debilitarse.
La fortaleza espiritual nunca depende únicamente de nuestras capacidades.
Proviene de nuestra comunión diaria con Dios.
ASA = MÉDICO SANADOR.
Tomando en cuenta el contenido del PowerPoint, este concepto nos recuerda que Dios continúa siendo nuestro gran Restaurador. Él es quien puede sanar aquello que ningún ser humano puede restaurar completamente.
Cuando entregamos nuestros caminos al Señor, Él fortalece nuestros pies para continuar avanzando.
No existe herida demasiado profunda.
No existe cadena demasiado fuerte.
No existe historia familiar tan oscura que la gracia de Cristo no pueda transformar.
CONCLUSIÓN
El propósito de este estudio no es llevarnos a vivir con temor por nuestro pasado, sino a contemplar el poder suficiente de Jesucristo para transformar nuestra historia.
Quizá hubo generaciones marcadas por el pecado, el fracaso o la inestabilidad. Quizá heredamos modelos familiares que nos alejaban del propósito de Dios. Sin embargo, la obra redentora de Cristo inaugura una nueva realidad: por medio de Su sangre somos redimidos, santificados y llamados a caminar en novedad de vida.
El Señor desea sanar nuestros pies espirituales para que dejemos atrás el tropiezo constante, la falta de propósito y las cargas del pasado. Él nos llama a avanzar con firmeza, sabiendo que nuestras huellas ahora deben reflejar la obediencia, la fe y la esperanza que produce el Espíritu Santo.
Que cada paso que demos sea una evidencia de que ya no caminamos bajo la esclavitud del pecado, sino bajo la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
“Señor, restaura nuestro caminar. Que nuestros pies dejen de andar en derrota y comiencen a recorrer el camino de la fe, la santidad y la victoria que Tú preparaste para nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.”