En las Escrituras encontramos ocasiones en las que Dios utiliza imágenes, figuras y expresiones conocidas para transmitir verdades espirituales profundas. Una de esas imágenes es la del perro, una figura que aparece en diferentes contextos de la Biblia y que, dentro del material de este estudio, permite observar determinadas conductas y actitudes espirituales que pueden afectar la vida del creyente.

El propósito de este estudio no es hablar literalmente de los animales, sino permitir que la Palabra de Dios examine nuestro corazón. Las diferentes referencias bíblicas presentadas nos muestran características como alimentarse de carroña, volver a lo que ya se había abandonado, vivir en menosprecio, permanecer callado cuando debería advertirse, conformarse con migajas y permanecer fuera.

Desde esta perspectiva, el llamado es a examinarnos delante de Dios. La pregunta no solamente es “¿qué hacen los perros?”, sino “¿hay alguna conducta representada en estas Escrituras que se esté manifestando en nuestra vida espiritual?”

La Palabra de Dios no solamente nos informa: también nos confronta, nos corrige y nos llama a cambiar. Por eso, este estudio debe llevarnos a una reflexión personal: ¿estoy avanzando hacia lo que Dios tiene para mí o estoy regresando constantemente a aquello de lo cual Él ya me sacó?

EL SIGNIFICADO DE “HORADAR”

Salmos 22:16 — RV1960

“Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies.”

Filipenses 3:2 — BL95

“¡Cuídense de los perros, cuídense de los obreros malos, cuídense de los que se hacen incisiones!”

La primera palabra que aparece resaltada en el material es HORADAR.

Significado

Agujerear: perforar algo atravesándolo de parte a parte.

También describe algo que afecta, penetra o debilita de forma persistente, como puede suceder con la moral, la paciencia o la tranquilidad.

Esto nos permite comprender que aquello que penetra repetidamente en una persona puede terminar debilitándola.

Hay situaciones que inicialmente parecen pequeñas, pero cuando se repiten continuamente pueden terminar afectando nuestra vida espiritual.

Por eso Pablo exhorta:

“¡Cuídense de los perros…!”

Existe una necesidad de velar, discernir y cuidar nuestra vida espiritual.

No todo aquello que intenta entrar en nuestra vida debe ser permitido. Hay influencias, conductas y ambientes que, si permanecen constantemente, pueden terminar perforando nuestra firmeza espiritual.

Debemos preguntarnos:

  • ¿Qué está penetrando constantemente en mi corazón?
  • ¿Qué está debilitando mi comunión con Dios?
  • ¿Qué conducta estoy permitiendo repetidamente?
  • ¿Qué cosas están afectando mi sensibilidad espiritual?

El creyente necesita aprender a identificar aquello que poco a poco puede debilitarlo.

No se trata simplemente de observar las conductas de otros. La enseñanza debe llevarnos primero a examinarnos a nosotros mismos.

SE ALIMENTA DE CARROÑA

Éxodo 22:31 — RV1960

“Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras en el campo; a los perros la echaréis.”

La primera característica presentada es:

SE ALIMENTA DE CARROÑA

La carroña representa aquello que ya está muerto, destrozado o en estado de descomposición.

La enseñanza espiritual nos lleva a preguntarnos qué clase de alimento estamos buscando.

Hay personas que constantemente buscan aquello que ya debería estar muerto en su vida: heridas antiguas, conflictos, ofensas, recuerdos, conversaciones destructivas o situaciones que Dios quiere que sean dejadas atrás.

No podemos pretender crecer espiritualmente mientras seguimos alimentándonos de aquello que produce muerte.

Debemos cuidar aquello que permitimos entrar a nuestro corazón.

Lo que alimentamos termina influyendo en nuestra condición espiritual.

Por eso debemos preguntarnos:

¿De qué me estoy alimentando espiritualmente?

SE MENOSPRECIA

2 Samuel 9:8 — RV1960

“Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”

Mefiboset utiliza una expresión extremadamente fuerte para referirse a sí mismo:

“UN PERRO MUERTO”

SE MENOSPRECIAN

Aquí encontramos una condición interna de menosprecio.

Mefiboset no estaba viendo su vida desde la perspectiva del rey que había decidido mostrarle misericordia, sino desde su propia condición.

Esto nos enseña que una persona puede acostumbrarse tanto a verse de una determinada manera que termina definiéndose por su pasado, sus fracasos o sus circunstancias.

Pero cuando Dios extiende misericordia, nuestra identidad ya no puede estar determinada únicamente por aquello que fuimos.

Hay personas que Dios quiere levantar, pero continúan llamándose a sí mismas por aquello que fueron.

Dios quiere que podamos reconocer nuestra condición, pero también que podamos recibir su misericordia.

Reconocer nuestra necesidad no significa vivir permanentemente menospreciándonos.

VUELVE AL PECADO

Proverbios 26:11 — LBLA

“Como perro que vuelve a su vómito es el necio que repite su necedad.”

“PERRO QUE VUELVE A SU VÓMITO”

VUELVE AL PECADO

La figura representa a alguien que regresa nuevamente a aquello que ya había dejado.

Existe una gran diferencia entre caer y decidir regresar continuamente.

El problema presentado por este proverbio es la repetición consciente de la misma necedad.

Dios no solamente quiere perdonar nuestras caídas; quiere producir transformación en nosotros.

No debemos convertir el arrepentimiento en un ciclo donde:

pecamos → pedimos perdón → volvemos al mismo pecado → volvemos a pedir perdón.

La gracia de Dios nos llama a caminar hacia adelante.

Si Dios ya nos mostró algo que debemos abandonar, no debemos regresar voluntariamente a ello.

SON MUDOS

Isaías 56:10 — RV1960

“Sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.”

“PERROS MUDOS”

Un atalaya tenía la responsabilidad de observar y advertir.

Pero estos son descritos como perros que no pueden ladrar.

Existe un momento para hablar y un momento para callar. Pero cuando Dios nos ha dado una responsabilidad de advertir, enseñar, exhortar o servir, no podemos permanecer espiritualmente dormidos.

El problema no es solamente no hablar.

También está relacionado con:

  • indiferencia;
  • falta de vigilancia;
  • comodidad;
  • sueño espiritual;
  • falta de responsabilidad.

El texto dice:

“soñolientos, echados, aman el dormir.”

Qué importante es preguntarnos:

¿Estoy espiritualmente despierto?

LES GUSTA LO SUCIO

Mateo 7:6 — RV1960

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”

LES GUSTA LO SUCIO

Aquí encontramos nuevamente la necesidad de discernimiento.

Jesús habla de lo santo y de las perlas, mostrando que existen cosas de gran valor que no deben ser tratadas de manera irreverente.

La enseñanza nos lleva a considerar qué valor le damos a las cosas espirituales que Dios nos ha confiado.

No debemos acostumbrarnos a tratar lo santo como algo común.

La Palabra de Dios, la comunión con Dios, el servicio, el ministerio y aquello que Dios nos permite recibir deben ser tratados con reverencia.

Debemos preguntarnos:

¿Estoy valorando lo que Dios considera santo?

COMEN MIGAJAS

Mateo 15:26 — RV1960

“Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos.”

Mateo 15:27 — RV1960

“Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.”

“LOS PERRILLOS COMEN DE LAS MIGAJAS”

COMEN MIGAJAS

La mujer cananea no se presenta con orgullo ni exigencia. Se acerca a Jesús con humildad y perseverancia.

Ella reconoce la posición que aparentemente le corresponde, pero confía en la misericordia del Señor.

Su actitud nos enseña que debemos acercarnos a Cristo con humildad, fe y perseverancia.

Nunca debemos perder el deseo de estar cerca del Señor.

La mujer no abandonó su petición.

Ella permaneció delante de Jesús.

Hay momentos en los que nuestra respuesta no llega de la manera o en el tiempo que esperamos, pero nuestra fe debe permanecer.

LAMEN LAS LLAGAS

Lucas 16:21 — RV1960

“y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.”

“LOS PERROS VENÍAN Y LE LAMÍAN LAS LLAGAS”

LAMEN LAS LLAGAS

El pasaje presenta la condición de Lázaro, quien estaba lleno de llagas y se encontraba junto a la puerta del rico.

La escena muestra una situación de extrema necesidad y humillación.

Debemos tener cuidado de no acostumbrarnos a permanecer en lugares de dolor sin buscar la restauración que Dios quiere producir.

También debemos recordar que alrededor de nosotros existen personas heridas que necesitan misericordia.

La iglesia está llamada a ser un lugar donde las heridas puedan encontrar ministración, restauración y esperanza en Dios.

La misericordia no debe ser solamente un mensaje que predicamos; debe convertirse en una realidad que practicamos.

ESTARÁN FUERA

Apocalipsis 22:12 — RV1960

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Apocalipsis 22:14 — RV1960

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.”

Apocalipsis 22:15 — RV1960

“Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.”

“MAS LOS PERROS ESTARÁN FUERA”

ESTARÁN FUERA DE JERUSALÉN CELESTIAL

Apocalipsis presenta dos realidades:

Los que lavan sus ropas y tienen derecho al árbol de la vida y a entrar por las puertas de la ciudad.

Y aquellos que permanecen fuera.

Esto nos recuerda que nuestra vida espiritual tiene consecuencias eternas.

No podemos tomar la salvación, la santidad y nuestra relación con Dios como algo sin importancia.

RESUMEN DEL “SÍNDROME DEL PERRO”

Texto bíblico

Característica

Éxodo 22:31

Se alimenta de carroña

2 Samuel 9:8

Se menosprecia

Proverbios 26:11

Vuelve al pecado

Isaías 56:10

Son mudos

Mateo 7:6

Les gusta lo sucio

Mateo 15:26-27

Comen migajas

Lucas 16:21

Lamen las llagas

Apocalipsis 22:15

Estarán fuera de Jerusalén celestial

El propósito de este estudio no debe ser señalar a otras personas, sino permitir que la Palabra de Dios examine nuestra propia vida.

Las diferentes imágenes presentadas nos confrontan con conductas que pueden aparecer en nuestra vida espiritual:

Alimentarnos de cosas que producen muerte.

Menospreciarnos.

Volver continuamente a aquello que Dios nos mandó abandonar.

Permanecer mudos cuando deberíamos estar vigilantes.

Tratar lo santo como algo común.

Conformarnos con migajas cuando Dios quiere llevarnos a una relación más profunda con Él.

Acostumbrarnos a las heridas en lugar de buscar restauración.

Y finalmente, la Escritura nos presenta una advertencia seria acerca de quienes estarán fuera.

Pero este mensaje no tiene como propósito producir desesperación. Al contrario, debe producir arrepentimiento, reflexión y un deseo renovado de caminar con Dios.

Hoy podemos examinarnos.

Si hemos estado regresando al mismo pecado, podemos arrepentirnos.

Si nos hemos menospreciado, podemos recordar que la misericordia de Dios nos alcanza.

Si hemos estado espiritualmente dormidos, podemos despertar.

Si hemos permanecido callados cuando debíamos cumplir nuestra responsabilidad, podemos volver a levantar nuestra voz.

Si hemos tratado lo santo con ligereza, podemos recuperar la reverencia.

Si nos hemos conformado con migajas espirituales, podemos volver a tener hambre y sed de Dios.

Y si estamos heridos, podemos acercarnos al Señor buscando restauración.

La pregunta final no es simplemente:

“¿Conozco el síndrome del perro?”

La verdadera pregunta es:

“¿Hay algo de este síndrome que Dios necesita quitar de mi vida?”

Que podamos permitir que el Espíritu Santo nos examine, nos corrija y nos transforme.

Que no vivamos mirando hacia atrás, sino avanzando hacia aquello que Dios ha preparado para nosotros.

Y que cuando Cristo venga, podamos encontrarnos entre aquellos de quienes dice la Escritura: 

 

“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.”

Que nuestra vida sea encontrada limpia, despierta, vigilante, perseverante y preparada para encontrarnos con nuestro Señor.

Juan Carlos Pedroza Betancour

Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración