La fe verdadera no consiste solamente en creer que Dios existe, sino en aprender a vivir, hablar y actuar de acuerdo con aquello que Dios ha dicho.
La Biblia nos enseña que existe un “espíritu de fe”, es decir, una actitud interior que nace de creerle a Dios aun cuando las circunstancias parezcan contrarias. La fe no ignora los problemas, pero decide no permitir que los problemas tengan la última palabra.
Pablo declara:
“Creí, por lo cual hablé.”
Esto nos muestra una relación entre lo que creemos en nuestro corazón y lo que expresamos con nuestra boca. Una persona que alimenta su corazón con la Palabra de Dios aprende a hablar conforme a esa Palabra.
Por eso, el espíritu de fe nos lleva a:
- Creer cuando todavía no vemos.
- Hablar conforme a lo que Dios ha establecido.
- Permanecer firmes en medio de las pruebas.
- No permitir que las circunstancias nos intimiden.
- Mirar más allá de lo temporal.
- Confesar nuestra fe.
- Esperar que Dios transforme aquello que todavía no vemos.
El espíritu de fe no depende de que todo esté bien alrededor de nosotros. Depende de saber quién es Dios y confiar en lo que Él ha dicho.
EL ESPÍRITU DE LA FE PRODUCE UNA BOCA QUE HABLA
2 Corintios 4:13 (RV1960)
“Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,”
Pablo relaciona directamente la fe con la manera de hablar.
Primero dice:
“Creí”
y después:
“hablé”.
Esto significa que la fe comienza en el interior, pero termina manifestándose exteriormente.
La persona que realmente cree en Dios no solamente guarda la fe dentro de su corazón; también aprende a expresar aquello que Dios ha colocado dentro de ella.
Debemos cuidar lo que hablamos cuando atravesamos momentos difíciles.
Cuando llega una prueba, es fácil comenzar a hablar desde el temor:
- “No voy a poder.”
- “Todo está perdido.”
- “Nunca cambiará.”
- “No hay solución.”
Pero el espíritu de fe nos enseña a cambiar nuestra perspectiva y a decir:
“Yo creo en Dios.”
“Dios sigue teniendo el control.”
“Aunque todavía no vea la respuesta, sigo creyendo.”
La fe no significa negar la realidad. Significa reconocer que la realidad visible no es superior al poder de Dios.
LA PALABRA DE DIOS DEBE PERMANECER EN NUESTRA BOCA
Josué 1:8 (RV1960)
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y te irá bien en todo lo que hagas.”
Este texto nos enseña que la Palabra de Dios no debe estar solamente en nuestra Biblia, sino también en nuestro corazón, pensamiento, conducta y boca.
Dios le dijo a Josué:
“Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley.”
Hay una relación entre:
meditar → guardar → hacer → hablar.
No podemos desarrollar un espíritu de fe si nuestra mente y nuestra boca están constantemente alimentadas por el temor.
Lo que alimentamos dentro de nosotros termina saliendo de nosotros.
Por eso necesitamos comenzar cada día con la Palabra de Dios.
Una familia que lee la Biblia junta aprende a hablar diferente.
Un padre que tiene la Palabra de Dios en su corazón podrá aconsejar a sus hijos desde la fe.
Una madre que conoce las promesas de Dios podrá sostener a su familia en momentos difíciles.
Un joven que conoce la Palabra podrá enfrentar la presión de este mundo sin abandonar sus convicciones.
La fe crece cuando escuchamos y meditamos en la Palabra de Dios.
EL ESPÍRITU DE LA FE NO SE DEJA ABATIR POR LA AFLICCIÓN
Salmos 116:10 (RV1960)
“Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera.”
Este versículo es poderoso porque David no dice:
“Creí cuando todo estaba bien.”
Dice:
“Estando afligido en gran manera.”
Su fe se manifestó precisamente en medio de la aflicción.
La aflicción no necesariamente significa ausencia de fe. Muchas veces es precisamente en medio de la aflicción donde nuestra fe demuestra su verdadera condición.
ANÁH = MENOSPRECIAR – INTIMIDAR – DEPRIMIR – ABATIR.
Estas palabras nos ayudan a comprender algunas de las formas en que las circunstancias pueden intentar afectar nuestro corazón.
La aflicción puede intentar:
- Menospreciarnos.
- Intimidarnos.
- Deprimirnos.
- Abatirnos.
Pero el espíritu de fe nos enseña a permanecer creyendo.
Hay momentos en los que podemos sentirnos pequeños, débiles o sin fuerzas.
Sin embargo, nuestra condición presente no determina nuestro futuro.
Podemos estar pasando por una temporada difícil y aun así decir:
“Creo en Dios.”
Podemos estar llorando y continuar creyendo.
Podemos estar atravesando una batalla y continuar confesando que Dios es fiel.
La fe no siempre elimina inmediatamente la aflicción, pero nos da fuerzas para atravesarla sin abandonar nuestra confianza en Dios.
NO DEBEMOS FIJAR NUESTRA MIRADA EN LO TEMPORAL
2 Corintios 4:18 (RV1960)
“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
Aquí encontramos uno de los principios fundamentales del espíritu de fe:
No vivir dominados por lo que vemos.
Nuestros ojos pueden ver:
- Problemas.
- Enfermedades.
- Escasez.
- Conflictos.
- Crisis.
- Limitaciones.
Pero la fe nos enseña a mirar más allá de lo visible.
Pablo dice:
“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven.”
Esto no significa ignorar nuestras circunstancias. Significa no permitir que las circunstancias determinen nuestra esperanza.
PRÓSKAIROS = PASAJERO – FUGAS – EFÍMERO – SUJETO A CAMBIO.
La idea central es que aquello que es temporal tiene una duración limitada y puede cambiar.
- Por eso, no debemos construir nuestra esperanza sobre aquello que es pasajero.
- Una situación difícil puede cambiar.
- Una puerta puede abrirse.
- Una circunstancia puede transformarse.
- Pero Dios y sus promesas permanecen.
Quizá hoy solamente ves un problema.
Pero Dios puede estar trabajando en algo que todavía no puedes ver.
Quizá solamente ves una puerta cerrada.
Pero Dios puede estar preparando otra puerta.
Quizá ves una situación pequeña.
Pero Dios puede llevarte a un futuro mucho mayor.
No permitas que lo que ves determine lo que crees.
EL ESPÍRITU DE LA FE PERMANECE FIRME
1 Corintios 16:13 (RV1960)
“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”
Este versículo presenta varias acciones importantes:
Velad.
Estad firmes en la fe.
Esforzaos.
La fe necesita vigilancia.
Hay circunstancias que intentarán movernos de nuestra confianza en Dios. Por eso Pablo nos llama a permanecer firmes.
La palabra:
“estad firmes”
habla de permanecer establecidos, sin permitir que las circunstancias nos hagan retroceder.
2 Corintios 4:8 (BLA 1995)
“Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos entre problemas, pero no desesperados;”
Pablo reconoce que existen pruebas.
No dice que el creyente nunca tendrá problemas.
Dice que, aun estando en problemas:
“no nos desanimamos”.
La fe no consiste en vivir sin problemas; consiste en no permitir que los problemas destruyan nuestra confianza en Dios.
2 Corintios 4:9 (BLA 1995)
“somos perseguidos, pero no eliminados; derribados, pero no fuera de combate.”
Hay una diferencia entre ser derribado y ser derrotado.
Una persona puede caer y levantarse.
Puede atravesar una crisis y continuar.
Puede llorar y seguir creyendo.
Puede ser golpeada por las circunstancias y todavía permanecer en pie espiritualmente.
El espíritu de fe no permite que una caída se convierta en abandono.
2 Corintios 5:7 (NTV)
“Pues vivimos por lo que creemos y no por lo que vemos.”
Esta frase resume gran parte del mensaje:
Vivimos por lo que creemos.
La vida del creyente no puede estar gobernada exclusivamente por lo que sus ojos observan.
Nuestros ojos pueden decir:
“Es imposible.”
Pero la fe responde:
“Dios puede.”
Nuestros ojos pueden decir:
“No hay salida.”
Pero la fe responde:
“Dios abrirá camino.”
Nuestros ojos pueden decir:
“Todo está perdido.”
Pero la fe responde:
“Todavía confío en Dios.”
LA FE SE CREE EN EL CORAZÓN Y SE CONFIESA CON LA BOCA
Romanos 10:10 (RV1960)
“Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”
Aquí nuevamente aparece la relación entre:
corazón y boca.
La fe verdadera comienza en el corazón, pero se expresa mediante la confesión.
No se trata de repetir palabras vacías.
Se trata de que nuestras palabras sean una expresión de aquello que verdaderamente creemos delante de Dios.
SOTERIA = SALUD CORPORAL – LIBERACIÓN – SALVACIÓN DE LA CASA – VICTORIA.
Esta palabra nos presenta una idea amplia de salvación.
La fe nos lleva a descansar en Dios como nuestro Salvador y libertador.
- Hay familias que necesitan recordar que Dios sigue siendo su esperanza.
- Hay personas que necesitan volver a creer.
- Hay corazones que necesitan recuperar la confianza.
- Hay hogares que necesitan declarar que Dios todavía puede obrar.
- No debemos utilizar la confesión de fe como una fórmula mágica, sino como una expresión sincera de confianza en Dios.
Creo porque Dios es fiel.
Confieso porque confío en Él.
Espero porque sé que Dios tiene la última palabra.
LA FE NOS PERMITE CREER EN LO QUE TODAVÍA NO VEMOS
Romanos 4:17 (RV1960)
“(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.”
Este versículo nos presenta a Abraham como ejemplo de una persona que creyó delante de Dios.
Dios puede llamar aquello que todavía no existe delante de nuestros ojos.
La fe aprende a confiar en el Dios que:
“da vida a los muertos”
y
“llama las cosas que no son, como si fuesen.”
Esto nos enseña que nuestra confianza no está basada en las posibilidades humanas, sino en el poder de Dios.
Tal vez existe algo en nuestra vida que parece muerto:
- Un sueño.
- Una relación.
- Una esperanza.
- Un proyecto.
- Una oportunidad.
- Una situación familiar.
No debemos determinar el final solamente por lo que vemos hoy.
Dios puede hacer cosas que nosotros no podemos hacer.
Donde el hombre ve un final, Dios puede estar preparando un nuevo comienzo.
DIOS PUEDE HACER GRANDE NUESTRO POSTRER ESTADO
Job 8:7 (RV1960)
“Y aunque tu principio haya sido pequeño, Tu postrer estado será muy grande.”
Este texto nos recuerda que nuestro comienzo no determina necesariamente nuestro final.
Puede haber comienzos pequeños.
Puede haber temporadas donde parece que poco está sucediendo.
Puede haber procesos que comienzan con dificultades.
Pero Dios puede llevarnos a un estado mayor.
- No menosprecies los comienzos pequeños.
- Una semilla parece pequeña, pero puede convertirse en un árbol.
- Una decisión de fe puede parecer pequeña, pero puede producir grandes consecuencias.
- Una oración aparentemente sencilla puede abrir una puerta.
- Una familia que comienza nuevamente a buscar a Dios puede experimentar una transformación profunda.
No juzgues lo que Dios hará por el tamaño de lo que hoy tienes en tus manos.
MANTENGAMOS FIRME NUESTRA CONFESIÓN DE FE
Hebreos 4:14 (BNP)
“Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote excelente que penetró en el cielo, mantengámonos firmes en nuestra confesión de fe.”
Nuestra confianza tiene un fundamento:
Jesús, el Hijo de Dios.
No estamos llamados a mantenernos firmes porque nuestras fuerzas sean suficientes.
Nos mantenemos firmes porque tenemos a Cristo.
La exhortación es:
“mantengámonos firmes en nuestra confesión de fe.”
La fe necesita perseverancia.
Habrá días buenos y días difíciles.
Habrá momentos de victoria y momentos de lucha.
Pero nuestra confesión no debe cambiar cada vez que cambia nuestra circunstancia.
El espíritu de fe debe convertirse en una forma de vivir.
- Cuando haya problemas, sigue creyendo.
No permitas que una circunstancia temporal destruya una confianza eterna.
- Cuando estés afligido, sigue hablando conforme a la Palabra.
David dijo:
“Creí; por tanto hablé.”
- Cuando no veas la respuesta, sigue esperando.
La ausencia de una respuesta inmediata no significa ausencia de Dios.
- Cuando seas derribado, vuelve a levantarte.
Puedes estar derribado, pero no estás fuera de combate.
- Cuando observes circunstancias negativas, mira más allá.
Lo visible es temporal.
- Cuando tu comienzo sea pequeño, no pierdas la esperanza.
Dios puede llevarte hacia algo mucho mayor.
- Cuando tengas que confesar tu fe, recuerda que tu confianza está en Cristo.
No confiamos en nuestras propias fuerzas; confiamos en Dios.
CONCLUSIÓN
El espíritu de la fe es una manera de vivir delante de Dios.
Es creer cuando todavía no vemos.
Es hablar porque hemos creído.
Es permanecer firmes cuando llegan las pruebas.
Es no permitir que la aflicción nos intimide, nos deprima o nos abata.
Es comprender que aquello que vemos es temporal, pero que las cosas eternas permanecen.
Es vivir por lo que creemos y no solamente por lo que vemos.
Es creer en el corazón y confesar con la boca.
Es confiar en el Dios que puede dar vida a lo que parece muerto.
Y es mantener firme nuestra confesión porque nuestra esperanza está puesta en Jesucristo.
Quizá hoy nuestro comienzo parece pequeño.
Quizá estamos atravesando una aflicción.
Quizá nuestros ojos solamente pueden ver problemas.
Pero la Palabra nos invita a levantar nuestra mirada y volver a creer.
No permitamos que la circunstancia determine nuestra fe.
Permitamos que nuestra fe determine nuestra manera de enfrentar la circunstancia.
Porque el espíritu de fe dice:
“Creí, por lo cual hablé.”
No porque todo esté resuelto.
No porque todo sea fácil.
No porque ya podamos ver la respuesta.
Sino porque Dios sigue siendo Dios, Jesucristo sigue siendo nuestro Salvador y sus promesas siguen siendo verdaderas.
Por eso, aunque hoy estemos pasando por una prueba, sigamos creyendo.
Aunque estemos afligidos, sigamos creyendo.
Aunque seamos derribados, sigamos creyendo.
Aunque nuestro principio sea pequeño, sigamos creyendo.
Y aunque todavía no veamos aquello que esperamos, sigamos caminando por fe.
No confiamos en nuestras propias fuerzas; confiamos en Dios.