Vivimos en un tiempo donde muchas personas buscan destacar por lo que hacen para Dios, pero el Señor Jesucristo enseña que antes de observar nuestras obras, Él examina nuestro corazón. En el Reino de Dios no basta con tener dones, ministerios o manifestaciones sobrenaturales; lo que verdaderamente identifica a un discípulo es el fruto que produce una vida transformada por el Espíritu Santo.

El fruto revela nuestra verdadera identidad. Los dones pueden impresionar a las personas, pero el fruto manifiesta si Cristo vive realmente en nosotros. El propósito de este estudio es comprender que Dios no solamente desea creyentes activos, sino hijos que reflejen el carácter de Jesucristo en cada área de su vida.

Mateo 7:21-23 (RV1960)

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?

23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Estas palabras del Señor son una advertencia solemne. Podemos realizar muchas actividades espirituales y, aun así, no haber desarrollado una verdadera comunión con Cristo.

Don = Es lo que hacemos.

El don es una capacidad concedida por Dios para servir a la Iglesia. Los dones edifican el cuerpo de Cristo, pero por sí solos no representan la madurez espiritual.

Fruto = Es lo que somos.

El fruto refleja el carácter de Cristo formado en nuestra vida. Es la evidencia de una verdadera transformación interior. El fruto permanece aun cuando nadie nos observa.

El Señor no busca únicamente personas que trabajen para Él, sino personas que vivan para Él.

LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR

Mateo 13:18-23 Reina-Valera 1960

18 Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19 Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. 20 Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21 pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. 22 El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 23 Mas el que fue sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Cada creyente debe preguntarse: ¿Qué tipo de tierra soy delante del Señor?

  1. Junto al camino

Mateo 13:19

La semilla nunca logra penetrar porque el corazón permanece endurecido.

Las personas oyen la Palabra, pero el enemigo viene rápidamente y roba aquello que fue sembrado.

Debemos guardar nuestro corazón para que la Palabra encuentre un lugar donde producir vida.

  1. Entre pedregales

Mateo 13:20-21

Representa a quienes reciben la Palabra con entusiasmo, pero no desarrollan raíces profundas.

Cuando llegan las pruebas, la fe desaparece porque nunca hubo una verdadera profundidad espiritual.

La vida cristiana necesita raíces en la oración, en la obediencia y en la comunión con Dios.

  1. Entre espinos

Mateo 13:22

Las preocupaciones, las riquezas y los afanes de este mundo ahogan la Palabra.

La planta vive, pero nunca llega a producir fruto.

Muchos creyentes conservan la apariencia de vida espiritual, pero las prioridades equivocadas impiden que produzcan fruto para Dios.

  1. En buena tierra

Mateo 13:23 (BLS)

«Finalmente, las semillas que cayeron en buena tierra representan a los que oyen el mensaje y le prestan atención y lo entienden. Estos sí cambian sus vidas y hacen lo bueno. Son como esas semillas que produjeron espigas con cien, con sesenta, y hasta con treinta semillas.»

Esta versión resalta aspectos muy importantes:

  • Oyen el mensaje.
  • Le prestan atención.
  • Lo entienden.
  • Cambian su vida.
  • Hacen lo bueno.
  • Producen fruto.

La verdadera identidad del creyente no consiste únicamente en escuchar la Palabra, sino en permitir que ella transforme completamente su vida.

LAS SEMILLAS EN BUENA TIERRA

Levítico 27:16 (LBLA)

“También, si un hombre consagra al SEÑOR parte de las tierras de su propiedad, entonces tu valuación será en proporción a la semilla que se necesite para ella: cada homer de semilla de cebada a cincuenta siclos de plata.”

La semilla representa aquello que será sembrado para producir una futura cosecha.

Cuando Dios encuentra buena tierra, siempre habrá una cosecha abundante.

La calidad del terreno determina el fruto que aparecerá posteriormente.

EL REINICIO DE DIOS

En la presentación aparecen cinco conceptos relacionados con la restauración:

  • Reinicio.
  • Jubileo.
  • Liberación de esclavos.
  • Condonación de deudas.
  • Restitución de propiedades.
  • Reposaba la tierra.

Todos estos principios apuntan al Año del Jubileo, donde Dios mostraba Su misericordia restaurando completamente al pueblo.

Espiritualmente, cuando Cristo gobierna nuestra vida, también experimentamos un reinicio:

  • Somos libres de la esclavitud del pecado.
  • Nuestra deuda espiritual fue cancelada en la cruz.
  • Recuperamos nuestra identidad como hijos de Dios.
  • Encontramos descanso para nuestra alma.

El fruto también nace cuando permitimos que Dios restaure completamente nuestra vida.

LA SEMILLA QUE PRODUCIRÁ FRUTO

Hageo 2:19 (LBLA)

“¿Está todavía la semilla en el granero? Todavía la vid, la higuera, el granado y el olivo no han dado fruto; pero desde hoy yo os bendeciré.”

Aunque todavía no existía fruto visible, Dios ya había declarado Su bendición.

Muchas veces Dios comienza primero transformando nuestro interior antes de manifestar resultados visibles.

El fruto requiere tiempo, crecimiento y permanencia.

EJEMPLOS RELACIONADOS CON LA IDENTIDAD

Adán

Génesis 3:7

Después del pecado, Adán perdió la identidad que Dios le había dado y trató de cubrir su condición con hojas de higuera.

Cuando el pecado entra en el corazón, también se pierde el fruto que Dios desea producir.

Ezequías

Isaías 38:21

La aplicación de la masa de higos fue el medio que Dios utilizó para traer sanidad al rey.

El fruto también representa restauración y vida cuando es utilizado conforme al propósito divino.

El egipcio

1 Samuel 30:11

David encontró a un siervo egipcio abandonado y le dieron pan, agua e higos.

Después de ser alimentado recuperó sus fuerzas.

El fruto trae vida, restauración y permite continuar el camino.

Adorno sacerdotal

Éxodo 28:33

En el borde del manto del sumo sacerdote se colocaban granadas de diversos colores.

La granada representa abundancia, vida y fertilidad espiritual.

Dios desea que Sus ministros sean reconocidos no solamente por su servicio, sino por el fruto de una vida santa.

Las columnas del templo de Salomón

1 Reyes 7:20

Las granadas adornaban las columnas del templo.

El fruto también habla de belleza espiritual, estabilidad y plenitud dentro de la Casa de Dios.

Un creyente fructífero fortalece a la Iglesia y glorifica al Señor.

  • Dios observa primero nuestro carácter antes que nuestros dones.
  • El fruto revela nuestra verdadera identidad.
  • Solo un corazón dispuesto puede convertirse en buena tierra.
  • La Palabra debe producir cambios visibles.
  • El fruto requiere permanencia, obediencia y comunión con Dios.
  • La restauración divina produce una nueva identidad.
  • Dios espera que cada creyente refleje el carácter de Cristo.

La identidad del creyente no se mide por los milagros que realiza, los ministerios que desempeña o los dones que posee. El Señor Jesucristo enseñó claramente que muchas personas harán grandes obras en Su nombre, pero solamente aquellos que hacen la voluntad del Padre serán reconocidos por Él.

El fruto nace cuando la Palabra encuentra un corazón dispuesto. Una buena tierra escucha, entiende, obedece y permite que Dios transforme completamente su vida. Así como la semilla necesita tiempo para desarrollarse, también el carácter de Cristo se forma progresivamente en nosotros mediante la obediencia, la comunión con Dios y la obra del Espíritu Santo.

Que nuestro mayor anhelo no sea solamente servir a Dios, sino parecernos cada día más a Cristo. Entonces nuestro fruto hablará de nuestra verdadera identidad y glorificará al Padre delante de todos.

    “El don puede abrir puertas para servir, pero el fruto es la evidencia de que Cristo verdaderamente vive en nosotros.”

    Juan Carlos Pedroza Betancour

    Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración