A lo largo de las Escrituras encontramos advertencias acerca del peligro de permitir que elementos ajenos a la voluntad de Dios se mezclen con nuestra vida espiritual.
Dios desea que su pueblo tenga un corazón definido, una fe genuina y una relación con Él sin divisiones. Sin embargo, cuando permitimos que las costumbres del mundo, las influencias equivocadas y las prácticas contrarias a su Palabra entren en nuestra vida, comenzamos a experimentar una mezcla que puede debilitar nuestra comunión con el Señor.
La mezcla espiritual no siempre aparece de manera evidente. En ocasiones comienza con pequeñas concesiones, decisiones que parecen insignificantes o comportamientos que poco a poco se vuelven normales.
Por eso, es necesario examinar nuestro corazón y permitir que Dios nos muestre aquellas cosas que debemos quitar de nuestra vida.
Extirpar significa arrancar o eliminar algo desde su raíz. Espiritualmente, esto nos habla de no conformarnos con modificar las apariencias, sino de permitir que Dios trate con aquello que está contaminando nuestra relación con Él.
- EL PELIGRO DE LA TIBIEZA ESPIRITUAL
Apocalipsis 3:15
«Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!»
Apocalipsis 3:16
«Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca».
El Señor Jesús dirige estas palabras a la iglesia de Laodicea. En este pasaje encontramos una advertencia seria acerca de una condición espiritual que no agrada a Dios: la tibieza.
El Señor declara que conoce las obras de su pueblo. Esto nos recuerda que Dios no solamente observa nuestras actividades externas, sino que conoce nuestra verdadera condición espiritual.
La expresión «ni frío ni caliente» nos presenta una condición de falta de definición. La iglesia había llegado a una situación en la que no manifestaba el fervor y la entrega que debían caracterizar su relación con Dios.
La tibieza representa una condición peligrosa porque puede llevarnos a acostumbrarnos a una vida espiritual sin compromiso, sin sensibilidad y sin una verdadera entrega al Señor.
¿Cómo se manifiesta la tibieza espiritual?
- Cuando nuestra relación con Dios deja de ser una prioridad.
- Cuando nos acostumbramos a escuchar la Palabra, pero no la ponemos en práctica.
- Cuando mantenemos una apariencia espiritual, pero nuestro corazón está distante.
- Cuando permitimos que los intereses del mundo ocupen el lugar que le corresponde a Dios.
- Cuando nuestra vida espiritual se convierte en una rutina sin pasión ni compromiso.
Debemos preguntarnos sinceramente: ¿Cómo está nuestra relación con Dios?
No podemos conformarnos con tener una apariencia de espiritualidad. El Señor desea una vida de comunión verdadera, obediencia y entrega.
La tibieza puede convertirse en una puerta para permitir otras mezclas en nuestra vida. Cuando perdemos nuestra firmeza espiritual, comenzamos a tolerar aquello que antes reconocíamos como contrario a la voluntad de Dios.
La iglesia necesita recuperar su sensibilidad espiritual y examinar continuamente su condición delante del Señor.
LA MEZCLA CON LAS NACIONES Y SUS CONSECUENCIAS
Salmos 106:34
«No destruyeron a los pueblos Que Jehová les dijo;»
Salmos 106:35
«Antes se mezclaron con las naciones, Y aprendieron sus obras,»
Salmos 106:36
«Y sirvieron a sus ídolos, Los cuales fueron causa de su ruina.»
Salmos 106:37
«Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios,»
Este pasaje nos presenta una de las consecuencias más importantes de permitir las mezclas espirituales.
El salmista recuerda cómo el pueblo de Israel no obedeció completamente las instrucciones que Dios les había dado. En lugar de mantener la separación de aquellas prácticas que el Señor había prohibido, terminaron mezclándose con las naciones.
Podemos observar una secuencia espiritual muy importante:
Primero: La desobediencia.
Salmos 106:34 dice:
«No destruyeron a los pueblos Que Jehová les dijo».
El problema comenzó cuando el pueblo no obedeció completamente la instrucción de Dios.
La obediencia parcial puede abrir puertas a situaciones que posteriormente se convierten en problemas mayores.
Segundo: La mezcla.
Salmos 106:35 declara:
«Antes se mezclaron con las naciones, Y aprendieron sus obras».
Aquí encontramos el punto central de nuestra enseñanza.
El pueblo no solamente convivió con otras naciones, sino que terminó aprendiendo sus prácticas.
La expresión «se mezclaron» nos permite observar cómo una influencia externa puede terminar afectando la conducta y las convicciones de una persona.
Aquello que inicialmente parecía ajeno a su identidad terminó formando parte de su comportamiento.
Tercero: La imitación de prácticas equivocadas.
El texto dice:
«Y aprendieron sus obras».
Esto demuestra que las influencias con las que permitimos relacionarnos pueden llegar a moldear nuestras acciones.
No todo lo que vemos, escuchamos o aprendemos contribuye a nuestra edificación espiritual.
Debemos desarrollar discernimiento para reconocer qué influencias nos acercan a Dios y cuáles nos alejan de Él.
Cuarto: La idolatría y la ruina.
Salmos 106:36 dice:
«Y sirvieron a sus ídolos, Los cuales fueron causa de su ruina».
La mezcla produjo consecuencias mucho más profundas. El pueblo terminó sirviendo a los ídolos de aquellas naciones.
Lo que comenzó como desobediencia terminó convirtiéndose en idolatría.
Esto nos enseña que aquello que permitimos entrar en nuestra vida puede llegar a ocupar un lugar que solamente le pertenece a Dios.
Quinto: La degradación espiritual.
Salmos 106:37 dice:
«Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios,»
El pasaje muestra hasta dónde llegó la corrupción espiritual del pueblo.
La idolatría no solamente afectó su relación con Dios, sino que los llevó a cometer prácticas abominables.
Este pasaje nos invita a examinar nuestras influencias.
Debemos tener cuidado con aquello que estamos aprendiendo, aceptando e incorporando a nuestra vida.
La mezcla espiritual puede comenzar con algo que parece pequeño, pero cuando no se corrige puede producir consecuencias graves.
Es necesario preguntarnos:
- ¿Qué prácticas estamos permitiendo en nuestra vida?
- ¿Qué influencias están moldeando nuestro comportamiento?
- ¿Estamos aprendiendo de la Palabra de Dios o estamos imitando los modelos del mundo?
- ¿Hay algo que hemos permitido y que está ocupando el lugar que le corresponde al Señor?
No podemos permitir que las costumbres contrarias a la voluntad de Dios se conviertan en parte de nuestra identidad espiritual.
La obediencia a Dios requiere que aprendamos a identificar y abandonar aquello que contamina nuestra comunión con Él.
IDENTIFICANDO LAS MEZCLAS: JEREMÍAS 25:20
Lectura bíblica: Jeremías 25:20 (RV1960)
«y a toda la mezcla de naciones, a todos los reyes de tierra de Uz, y a todos los reyes de la tierra de Filistea, a Ascalón, a Gaza, a Ecrón y al remanente de Asdod;»
Es importante observar que el versículo menciona una mezcla de naciones y posteriormente presenta los diferentes territorios.
UZ = TOMAR CONSEJO
Uz con la expresión «tomar consejo».
El consejo tiene una influencia importante en nuestras decisiones, porque aquello que escuchamos puede orientar nuestro comportamiento y determinar el camino que seguimos.
Desde una aplicación espiritual, debemos examinar de quién estamos recibiendo consejo.
No todos los consejos son convenientes, ni todas las recomendaciones están alineadas con la voluntad de Dios.
La Palabra nos enseña la importancia de buscar dirección en el Señor.
Proverbios 19:20 (RV1960)
«Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez».
Debemos aprender a discernir los consejos que recibimos. Nuestra dirección espiritual no debe depender de opiniones humanas que contradigan los principios de la Palabra de Dios.
FILISTEA = INMIGRANTE
En el pasaje, Filistea aparece dentro de la enumeración de territorios mencionados por Jeremías.
Desde una aplicación devocional, podemos reflexionar acerca de las influencias externas que llegan a nuestra vida.
No todo lo que viene de afuera debe ser incorporado a nuestro caminar espiritual.
Es necesario mantener nuestras convicciones fundamentadas en la Palabra de Dios.
Debemos tener cuidado con aquello que llega a nuestra vida y que pretende cambiar nuestros principios, nuestra manera de pensar y nuestra relación con el Señor.
SHACÁL = GASTAR, COMERCIO
Este significado nos permite reflexionar acerca de la administración de nuestros recursos y de aquello en lo que estamos invirtiendo nuestra vida.
Todo aquello a lo que dedicamos nuestro tiempo, esfuerzo y recursos revela cuáles son nuestras prioridades.
Debemos examinar en qué estamos invirtiendo nuestra vida.
No podemos permitir que las preocupaciones materiales, los intereses económicos o las actividades cotidianas desplacen nuestra comunión con Dios.
El Señor debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón.
GAZA = FUERTE, ALTIVO
La altivez representa una actitud de orgullo y superioridad.
Espiritualmente, el orgullo es peligroso porque dificulta reconocer nuestros errores y recibir corrección.
Una persona que se considera autosuficiente puede llegar a pensar que no necesita dirección, ayuda ni corrección.
Proverbios 16:18 (RV1960)
«Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu».
Debemos permitir que Dios trate con nuestro carácter.
No podemos caminar en orgullo, autosuficiencia o arrogancia. Necesitamos un corazón humilde, dispuesto a reconocer sus errores y a recibir la corrección del Señor.
ECRÓN = CORTAR LA PIERNA, LISIAR
Esta expresión nos permite desarrollar una reflexión acerca de aquello que puede afectar nuestra capacidad de avanzar.
En nuestra vida espiritual necesitamos mantenernos firmes y perseverar en el camino del Señor.
Existen actitudes, decisiones e influencias que pueden debilitar nuestro caminar y dificultar nuestro crecimiento.
Debemos identificar aquello que está debilitando nuestra perseverancia.
No podemos permitir que las mezclas espirituales nos hagan perder firmeza, compromiso y constancia en nuestra relación con Dios.
ASDOD = DESTRUCTOR
Este término nos lleva a reflexionar sobre las consecuencias destructivas que puede producir aquello que permitimos permanecer en nuestra vida cuando contradice la voluntad de Dios.
Como vimos anteriormente en Salmos 106:34-37, la mezcla con las naciones condujo al pueblo a la idolatría y a la ruina.
La destrucción no siempre comienza con algo evidente. En ocasiones, comienza cuando dejamos de obedecer, descuidamos nuestra comunión con Dios y permitimos influencias equivocadas.
Necesitamos reconocer que no todas las influencias son inofensivas.
Aquello que no se corrige oportunamente puede afectar nuestra vida espiritual, nuestra familia y nuestra relación con Dios.
Por eso debemos permitir que el Señor examine nuestro interior y nos ayude a eliminar aquello que está produciendo daño.
ES TIEMPO DE EXTIRPAR LAS MEZCLAS
La enseñanza central es que no podemos permitir que aquello que es contrario a la voluntad de Dios se mezcle con nuestra vida espiritual.
Necesitamos examinar nuestro corazón, reconocer nuestras debilidades y permitir que la Palabra del Señor nos confronte.
Extirpar las mezclas significa tomar una decisión firme de abandonar aquello que contamina nuestra relación con Dios.
No se trata solamente de cambiar algunas conductas externas, sino de permitir que el Señor transforme nuestro interior.
Preguntémonos delante del Señor:
- ¿He permitido alguna mezcla en mi vida espiritual?
- ¿Estoy recibiendo consejos que me alejan de la voluntad de Dios?
- ¿He permitido que otras influencias cambien mis convicciones?
- ¿Existe orgullo o autosuficiencia en mi corazón?
- ¿Hay algo que está debilitando mi caminar con Cristo?
- ¿He perdido mi fervor espiritual?
Que podamos presentarnos delante de Dios con un corazón sincero, dispuesto a recibir su corrección y a abandonar todo aquello que nos aleja de su voluntad.
Nuestra relación con Dios debe estar fundamentada en una fe genuina, obediencia y una entrega sincera al Señor.