A lo largo de esta serie hemos aprendido que los reyes mencionados en Josué pueden ser utilizados como una figura para identificar diferentes áreas de oposición que buscan afectar nuestra vida alma.
En esta ocasión encontramos al rey de Hefer.
Josué 12:17 menciona:
“el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;”
Josué 12:17, RV1960
HEFER = KJAFER (H2659)
“El que avergüenza – causante de oprobio.”
La vergüenza puede convertirse en una experiencia profundamente destructiva cuando deja de ser una reacción momentánea ante una falta y comienza a gobernar nuestra manera de pensar, relacionarnos con Dios y actuar delante de los demás.
Hay personas que han sido perdonadas por Dios, pero continúan viviendo como si todavía fueran culpables.
Hay quienes se arrepintieron, pero siguen siendo prisioneros de aquello que hicieron.
Hay quienes fueron restaurados, pero siguen escondiéndose.
Por eso, el propósito de este estudio no es simplemente hablar de la vergüenza, sino aprender a reconocer cuando la vergüenza está gobernando el alma y descubrir el camino bíblico hacia la restauración.
Efesios 6:12 — RV1960
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”
Nuestra lucha no es contra las personas.
Por eso, cuando hablamos del “rey de Hefer”, no estamos diciendo que una persona específica sea nuestro enemigo. Estamos identificando espiritualmente aquello que representa el contenido de la enseñanza: la vergüenza y el oprobio que pueden afectar el alma.
HEFER: EL QUE AVERGÜENZA
Josué 12:17 — RV1960
“el rey de Tapúa, otro; el rey de Hefer, otro;”
HEFER = KJAFER — H2659
“El que avergüenza – causante de oprobio.”
Aquí encontramos tres expresiones que ayudan a comprender la enseñanza:
- Mostrándonos nuestra vergüenza
El documento relaciona esto con:
- pensamientos,
- acusación,
- limitación de acciones.
La vergüenza puede hacer que una persona viva constantemente mirando hacia atrás.
El pensamiento puede decir:
“Recuerda lo que hiciste.”
La acusación puede decir:
“No tienes derecho a acercarte a Dios.”
Y finalmente la persona comienza a limitar sus propias acciones:
“No puedo servir.”
“No puedo acercarme.”
“Dios ya no puede usarme.”
- Demostrando la vergüenza
“quedar expuesto ante todos”.
Existe una diferencia entre haber cometido una falta y vivir permanentemente con el temor de que todos conozcan nuestra falta.
La vergüenza dice:
“Si los demás supieran quién soy realmente, me rechazarían.”
- Causantes de vergüenza
“avergonzando a mis hermanos”.
Aquí aparece otra dimensión importante: no solamente podemos sufrir vergüenza, también podemos producir vergüenza en otras personas.
Por eso debemos preguntarnos:
- ¿Estoy restaurando al que cayó?
- ¿Estoy recordando constantemente su pasado?
- ¿Estoy utilizando sus errores para humillarlo?
- ¿Estoy ayudando a levantarlo o estoy aumentando su vergüenza?
LA VERGÜENZA EN EL ALMA
“Vergüenza que nos esclaviza y nos aleja de Dios.”
Génesis 3:7-10 — NTV
El pasaje de Génesis presenta la experiencia de Adán y Eva después del pecado: sus ojos fueron abiertos, reconocieron su desnudez, sintieron vergüenza y buscaron esconderse de la presencia de Dios.
Esto nos enseña algo fundamental:
La vergüenza puede producir escondimiento.
Antes del pecado encontramos comunión; después del pecado encontramos ocultamiento.
Adán no solamente había pecado: ahora tenía una percepción diferente de sí mismo delante de Dios.
¿Qué es la vergüenza?
“sentirse mal porque uno hizo algo incorrecto delante de Dios o de otras personas.”
Y añade que no se trata solamente de ponerse rojo o sentirse tímido, sino de:
“un peso en el alma que aparece cuando sabemos que fallamos.”
- La conciencia de pecado
- La culpa
- La deshonra
- El alejamiento de Dios
Culpa y vergüenza no son exactamente lo mismo
Culpa:
“He hecho algo malo.”
Vergüenza:
“Soy indigno o estoy expuesto por lo que hice.”
Esta diferencia es fundamental.
La culpa puede llevarme a reconocer:
“Hice algo incorrecto.”
Pero la vergüenza puede llevarme a concluir:
“Yo soy completamente incorrecto.”
La primera puede llevar al arrepentimiento.
La segunda puede llevar al escondimiento, aislamiento y desesperanza.
TRES ASPECTOS DE LA VERGÜENZA
- Vergüenza que nos esclaviza y nos aleja de Dios
Es aquella que produce:
- ocultamiento,
- temor,
- acusación,
- aislamiento,
- sensación de indignidad.
- Vergüenza que conduce al arrepentimiento
No toda conciencia de vergüenza tiene que terminar en destrucción.
Cuando reconocemos nuestro pecado delante de Dios, podemos responder con arrepentimiento.
- Vergüenza que Dios quita
La meta de Dios no es mantener al arrepentido permanentemente humillado.
El documento presenta:
Salmos 34:4-5 — NTV
como fundamento para mostrar que Dios puede quitar el temor y cambiar el rostro de quien acude a Él.
Aplicación
Hay una diferencia entre:
“Estoy arrepentido por lo que hice”
y:
“No puedo volver a Dios porque lo que hice me define.”
El arrepentimiento nos acerca a Dios.
La vergüenza destructiva intenta alejarnos de Él.
EL GOBIERNO DE HEFER EN EL ALMA
Esdras 9:7 — Reina-Valera 1960
“Desde los días de nuestros padres hasta este día hemos vivido en gran pecado; y por nuestras iniquidades nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes hemos sido entregados en manos de los reyes de las tierras, a espada, a cautiverio, a robo, y a vergüenza que cubre nuestro rostro, como hoy día.”
Hay una expresión particularmente importante:
“Vergüenza que cubre nuestro rostro”
La vergüenza puede convertirse en una cobertura que impide que una persona vea correctamente:
- a Dios,
- a sí misma,
- su futuro,
- su propósito.
Cuando la vergüenza gobierna, la persona comienza a interpretar todo desde su fracaso.
VIDA CON PECADOS OCULTOS O NO CONFESADOS
“Vida con pecados ocultos o no confesados.”
Salmos 44:15-16 — PDT
“15 A todo instante me siento humillado, mi cara está cubierta de vergüenza
16 al oír las palabras de quienes me ultrajan e insultan. Es el enemigo que busca venganza.”
Observemos nuevamente la relación:
rostro → vergüenza → humillación.
Cuando la vergüenza domina, la persona deja de mirar hacia adelante y permanece contemplando aquello que la acusa.
Mateo 15:19 — NTV
“Pues del corazón salen los malos pensamientos, el asesinato, el adulterio, toda inmoralidad sexual, el robo, la mentira y la calumnia.”
Jesús lleva el problema al corazón.
Esto significa que no podemos resolver solamente las manifestaciones externas. Es necesario permitir que Dios trate con el interior.
Proverbios 28:13
“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”
Aquí aparece una de las claves para derrotar el gobierno de Hefer:
CONFESAR Y APARTARSE
No basta con reconocer.
No basta con sentirse mal.
No basta con llorar.
El texto presenta dos acciones:
Confesar.
Apartarse.
Y después presenta una promesa:
Misericordia.
¿CÓMO DERROTAR EL GOBIERNO DE HEFER EN MI ALMA?
Esta pregunta constituye el puente entre el diagnóstico y la restauración.
HACIENDO MISERICORDIA
HACIENDO MISERICORDIA ES DESTRUIDO EL GOBIERNO DE HEFER
1 Reyes 4:10 — PDT
“Ben Jésed, gobernador de Arubot, Soco y Héfer.”
Aquí aparece:
BEN-KJESED — H1136
“El que hace misericordia.”
“Hijo de misericordia.”
Y establece el contraste:
GOBIERNA
HEFER
→ EL QUE AVERGÜENZA
→ CAUSA OPROBIO
frente a:
BEN-KJESED
→ EL QUE HACE MISERICORDIA
→ HIJO DE MISERICORDIA
La enseñanza central de esta parte es que la misericordia cambia la manera en que tratamos al que ha fallado.
NUEVO PACTO Y VIEJO PACTO
NUEVO PACTO — GRACIA
VIEJO PACTO — LA LEY
La enseñanza no debe interpretarse como que la ley de Dios era mala o que Dios cambió su carácter.
Más bien, el énfasis está en la manera en que la gracia nos permite experimentar el perdón y extender misericordia.
La gracia no significa llamar bueno al pecado.
La gracia significa que Dios puede tratar con el pecado sin desechar al pecador arrepentido.
Lucas 6:36-38 — RVA
36 Sean misericordiosos, como también su Padre es misericordioso.
37 “No juzguen, y no serán juzgados. No condenen, y no serán condenados. Perdonen, y serán perdonados.
38 Den, y se les dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se les dará en su regazo. Porque con la medida con que miden se les volverá a medir”.
Aquí encontramos cuatro expresiones resaltadas en el PowerPoint:
“Sean misericordiosos”
La misericordia debe comenzar en nosotros porque hemos recibido misericordia de Dios.
“No juzguen”
No significa que nunca debamos discernir entre lo correcto y lo incorrecto.
Significa no asumir una posición de condenación sobre la persona.
“No condenen”
El creyente debe tener cuidado de no convertir el pecado de alguien en una sentencia permanente sobre su vida.
“Perdonen”
El perdón rompe cadenas.
No significa negar el daño.
No significa eliminar toda consecuencia.
No significa permitir que continúe el pecado.
Significa renunciar a la venganza y dejar el juicio final en manos de Dios.
“Den, y se les dará”
La misericordia que recibimos también debe convertirse en misericordia que ofrecemos.
Y Jesús termina con un principio:
“Porque con la medida con que miden se les volverá a medir”.
RESTAURACIÓN, NO VERGÜENZA
“El pecado lo quita Dios.”
“Quien usa Dios para la restauración del alma es al ministro.”
“Jericó ‘Lugar de fragancia/Perfume’.”
“Disciplina no para vergüenza sino para restauración que crezca la barba.”
“Resguardo por misericordia.”
Aquí encontramos un principio pastoral muy importante:
LA DISCIPLINA BÍBLICA TIENE COMO PROPÓSITO LA RESTAURACIÓN
La disciplina no debe utilizarse para destruir públicamente a una persona.
Debe buscar:
- corregir,
- restaurar,
- proteger,
- sanar,
- conducir nuevamente a Dios.
Por eso la iglesia debe ser un lugar donde el pecador arrepentido encuentre verdad y también misericordia.
MISERICORDIA, PERDÓN Y JUICIO
Lucas 7:47-48 — La Biblia de las Américas
“Por lo cual te digo que sus pecados, que son muchos, han sido perdonados, porque amó mucho; pero a quien poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados han sido perdonados.”
Aquí encontramos una verdad hermosa:
Quien comprende cuánto ha sido perdonado, aprende a amar de una manera diferente.
La misericordia recibida produce misericordia ofrecida.
Santiago 2:13-14 — La Biblia de las Américas
“Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia; la misericordia triunfa sobre[a] el juicio.”
“La misericordia triunfa sobre el juicio”
Esto no elimina la justicia.
Nos enseña que el corazón del creyente no puede permanecer indiferente ante la necesidad de restauración de otro.
Daniel 12:2-3 — Nueva Biblia Viva
“Y muchos de los que están muertos y sepultados se levantarán de sus tumbas, algunos para vivir para siempre y otros para sufrir vergüenza y desprecio sin fin.
Y aquellos que son sabios brillarán como brilla la bóveda celeste, y los que enseñen a muchos la práctica de la justicia resplandecerán por siempre, como lo hacen las estrellas.”
Aquí aparecen dos contrastes:
Vergüenza y desprecio
El pecado tiene consecuencias eternas y la Biblia no presenta el pecado como algo insignificante.
Resplandecer
Pero también aparece el resultado de vivir en sabiduría y enseñar la justicia.
Esto nos recuerda que la meta no es solamente dejar de vivir avergonzados, sino convertirnos en personas que ayudan a otros a caminar en justicia.
Isaías 54:4 — Nueva Biblia de las Américas
“No temas, pues no serás avergonzada, Ni te sientas humillada, pues no serás agraviada; Sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, Y del oprobio de tu viudez no te acordarás más.”
Esta palabra constituye un cierre poderoso para el tema.
Dios no solamente confronta nuestro pecado.
Dios también restaura nuestra identidad después del pecado.
El “rey de Hefer” nos lleva a reflexionar sobre una realidad que puede afectar profundamente nuestra vida espiritual:
LA VERGÜENZA PUEDE QUERER GOBERNAR EL ALMA.
Puede gobernar nuestros pensamientos:
“No eres digno.”
Puede gobernar nuestra relación con Dios:
“Escóndete de Él.”
Puede gobernar nuestras relaciones:
“No confíes en nadie.”
Puede gobernar nuestro servicio:
“Después de lo que hiciste, Dios ya no puede usarte.”
Pero la Palabra de Dios nos muestra otro camino.
PRIMERO:
Reconocer el pecado.
No esconderlo.
SEGUNDO:
Confesarlo.
Proverbios 28:13 nos enseña que quien confiesa y se aparta alcanza misericordia.
TERCERO:
Arrepentirnos verdaderamente.
No solamente sentir vergüenza por haber sido descubiertos, sino cambiar nuestra dirección.
CUARTO:
Recibir el perdón de Dios.
Hay personas que siguen castigándose por algo que Dios ya perdonó.
Debemos aprender a aceptar la restauración que Dios ofrece.
QUINTO:
Extender misericordia a otros.
Lucas 6 nos llama a ser misericordiosos porque nuestro Padre es misericordioso.
SEXTO:
Restaurar en lugar de humillar.
La iglesia debe ser un lugar donde la verdad confronte el pecado, pero donde la misericordia ayude al arrepentido a levantarse.
UNA PALABRA PARA EL CORAZÓN
Quizá alguien ha vivido durante años bajo el peso de una vergüenza.
Tal vez Dios ya perdonó, pero la persona todavía no ha aprendido a caminar en libertad.
Tal vez hubo un pecado.
Tal vez hubo una caída.
Tal vez hubo una decisión equivocada.
Tal vez alguien te hizo sentir indigno.
Pero el mensaje de esta enseñanza es que tu fracaso no tiene que convertirse en el rey de tu alma.
La vergüenza puede decir:
“Escóndete.”
Pero Dios dice:
“Acércate.”
La vergüenza dice:
“Eres indigno.”
La gracia dice:
“Yo puedo restaurarte.”
La vergüenza dice:
“Tu pasado te define.”
La misericordia de Dios dice:
“Tu pasado no tiene que determinar tu futuro.”
Por eso, derrotar a Hefer no significa negar que hubo pecado.
Significa llevar el pecado a Dios, confesarlo, apartarnos de él, recibir misericordia y permitir que Dios restaure nuestra vida.
Y después de recibir misericordia, debemos convertirnos en hijos e instrumentos de misericordia, ayudando a otros a levantarse.
Declaración final
No permitiremos que la vergüenza gobierne nuestra alma.
Confesaremos nuestro pecado.
Nos apartaremos de aquello que desagrada a Dios.
Recibiremos su perdón.
Caminaremos en su gracia.
Mostraremos misericordia.
Y permitiremos que Dios transforme nuestra vergüenza en un testimonio de restauración.
Porque el mismo Dios que confronta nuestro pecado es el Dios que restaura al que se arrepiente.
¡HEFER NO TIENE QUE GOBERNAR NUESTRA ALMA!
¡LA MISERICORDIA DE DIOS NOS CONDUCE A LA RESTAURACIÓN!