En las Escrituras encontramos diferentes acontecimientos en los que la mesa representa mucho más que un lugar donde se comparte el alimento. La mesa también puede convertirse en un lugar de comunión, enseñanza, restauración, instrucciones y cumplimiento de las promesas de Dios.

A través de la Biblia encontramos personas que fueron ubicadas en diferentes circunstancias. Algunos experimentaron momentos de dificultad, otros atravesaron procesos de formación y otros recibieron una nueva oportunidad cuando parecía que todo estaba perdido.

La mesa nos permite comprender que Dios tiene la capacidad de acercar, restaurar y ubicar a las personas conforme a sus propósitos.

No se trata únicamente de ocupar un lugar físico, sino de comprender la importancia de estar donde Dios quiere que estemos, recibir sus instrucciones y permanecer atentos a sus promesas.

En este estudio veremos cómo la mesa aparece relacionada con la instrucción, la misericordia y la restauración.

Hechos 1:4 (BC4)

«Y estando con ellos a la mesa, les ordenó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del Padre, la cual oísteis de mí;»

Este pasaje nos presenta un momento en el que Jesús se encontraba con sus discípulos a la mesa. En ese contexto les dio una instrucción específica: no debían ausentarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del Padre.

Podemos observar tres elementos importantes:

  1. La presencia de Jesús

La expresión «estando con ellos a la mesa» nos permite observar un momento de cercanía y comunión.

La mesa también puede representar un espacio donde recibimos instrucciones y aprendemos a escuchar.

  1. La importancia de obedecer las instrucciones

Jesús les ordenó que no se ausentaran de Jerusalén.

Los discípulos debían comprender que no podían adelantarse a lo que Dios había determinado. Había una instrucción que debían obedecer antes de experimentar el cumplimiento de la promesa.

Esto nos enseña que no solamente debemos conocer las promesas de Dios, sino también aprender a obedecer sus instrucciones.

  1. Aprender a esperar la promesa

Jesús les indicó que aguardasen la promesa del Padre.

Esperar no significa permanecer sin propósito. También significa confiar, obedecer y mantenernos en el lugar donde Dios nos ha indicado permanecer.

Muchas veces queremos experimentar inmediatamente aquello que Dios ha prometido, pero debemos comprender que también existe un proceso de preparación.

No debemos abandonar el lugar de instrucción antes de recibir aquello que Dios ha determinado para nuestra vida.

La obediencia y la espera forman parte de nuestro crecimiento espiritual.

LA MESA DE LA MISERICORDIA Y LA RESTAURACIÓN

Para comprender esta enseñanza debemos trasladarnos a la historia de David y Mefi-boset.

2 Samuel 9:3 (RV1960)

«El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.»

2 Samuel 9:4 (RV1960)

«Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lodebar.»

En estos versículos encontramos a David preguntando si todavía quedaba alguien de la casa de Saúl a quien pudiera mostrar misericordia.

La respuesta de Siba fue que todavía existía un hijo de Jonatán, llamado Mefi-boset, quien estaba lisiado de los pies.

Es importante observar que David no estaba preguntando por alguien que pudiera ofrecerle algún beneficio, sino por alguien a quien pudiera extender misericordia.

Esta historia nos permite identificar varias enseñanzas:

  1. La misericordia puede alcanzar a quienes se encuentran en condiciones difíciles.

Mefi-boset era descendiente de Jonatán y se encontraba en una condición de limitación física.

Sin embargo, su condición no impidió que David lo buscara para mostrarle misericordia.

  1. David preguntó dónde estaba.

La pregunta del rey fue: «¿Dónde está?».

David quería conocer el lugar donde se encontraba Mefi-boset.

Esto nos permite reflexionar sobre la importancia de nuestra ubicación. No solamente debemos considerar dónde estamos físicamente, sino también cuál es nuestra condición y qué lugar estamos ocupando en nuestro caminar con Dios.

  1. Lodebar aparece como el lugar donde se encontraba Mefi-boset.

La presentación destaca este nombre porque forma parte central de la enseñanza.

La historia nos permite contemplar el contraste entre la condición en la que se encontraba Mefi-boset y el lugar al que posteriormente sería llevado.

La misericordia de David cambiaría completamente su situación.

LODEBAR: SIN PASTOS

En la presentación encontramos la siguiente expresión:

LO-DEBAR

SIGNIFICADO INDICADO EN LA PRESENTACIÓN: SIN PASTOS.

Este término se utiliza en el desarrollo del tema para identificar el lugar donde se encontraba Mefi-boset.

La historia de Mefi-boset nos permite reflexionar sobre las temporadas en las que una persona puede encontrarse en condiciones de dificultad, limitación o necesidad.

Sin embargo, debemos comprender que una condición presente no determina necesariamente el destino de una persona.

Mefi-boset estaba en Lodebar, pero su historia no terminó allí.

David mandó a buscarlo y le extendió misericordia.

Esto nos enseña que no debemos definir nuestra vida únicamente por las circunstancias que estamos atravesando.

Dios puede abrir nuevas oportunidades y permitir que experimentemos restauración.

A través de este estudio hemos observado diferentes elementos relacionados con la mesa, la instrucción, la misericordia y la restauración.

En Hechos 1:4 encontramos a Jesús compartiendo con sus discípulos y dándoles una instrucción importante: esperar la promesa del Padre.

En 2 Samuel 9:3-4 encontramos a David buscando a alguien de la casa de Saúl para mostrarle misericordia. Esa búsqueda permitió que Mefi-boset fuera identificado y posteriormente experimentara un cambio en su condición.

La enseñanza central que podemos llevarnos es que nuestra condición actual no tiene por qué determinar nuestra historia final.

Necesitamos aprender a escuchar las instrucciones de Dios, permanecer en comunión, valorar su misericordia y reconocer que la restauración es posible.

La mesa puede representar un lugar de comunión, instrucción y oportunidad.

Por eso, debemos preguntarnos si estamos dispuestos a permanecer donde Dios nos instruye, recibir su Palabra y permitir que Él transforme nuestra condición.

No se trata solamente de estar sentados a una mesa, sino de comprender la importancia del lugar que ocupamos y de aquello que estamos llamados a recibir y vivir delante de Dios.

¿Estamos permaneciendo en el lugar donde Dios nos ha instruido?

¿Estamos dispuestos a recibir su consejo, esperar sus promesas y reconocer su misericordia? 

    Que nuestra vida esté ubicada conforme a los propósitos de Dios, aprendiendo a valorar cada proceso y cada oportunidad de restauración.

    Juan Carlos Pedroza Betancour

    Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración