La cruz de Cristo representa el punto decisivo donde Dios intervino para cambiar la condición del ser humano. Lo que parecía ser derrota se convirtió en victoria; lo que parecía condenación terminó produciendo redención; lo que parecía muerte abrió el camino hacia la vida.
Cuando hablamos de “Las Reversiones de la Cruz”, estamos contemplando una verdad espiritual muy poderosa: Dios tiene la capacidad de cambiar el resultado de aquello que parecía estar determinado en nuestra contra.
La Escritura nos muestra diferentes situaciones donde una realidad cambia de dirección: una maldición se convierte en bendición, el mal termina produciendo bien, los enemigos que esperaban victoria terminan siendo derrotados, el lamento se transforma en alegría y una situación posterior termina siendo mejor que la anterior.
Pero todas estas reversiones encuentran su expresión suprema en Cristo. La cruz no fue simplemente el lugar donde Jesús murió; fue el lugar donde Él tomó sobre sí aquello que correspondía al pecador.
Por eso, este estudio no debe llevarnos únicamente a pensar en lo que Dios puede cambiar alrededor de nosotros, sino también en lo que Dios quiere cambiar dentro de nosotros.
La cruz confronta nuestra vida, nuestras decisiones, nuestra manera de hablar, aquello en lo que confiamos y aquello que permitimos entrar en nuestro corazón. La cruz nos llama a regresar a Dios, a caminar en obediencia y a experimentar la transformación que solamente Él puede producir.
Gálatas 3:10 — NTV
“Pero los que dependen de la ley para hacerse justos ante Dios están bajo la maldición de Dios, porque las Escrituras dicen: «Maldito es todo el que no cumple ni obedece cada uno de los mandatos que están escritos en el libro de la Ley de Dios»*.”
Gálatas 3:13 — NTV
“Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero»*.”
El estudio comienza estableciendo el contraste entre maldición y cruz.
Gálatas 3:10 presenta la condición del hombre que depende de sus propias obras para alcanzar justicia. La ley mostraba el estándar de Dios y señalaba la incapacidad humana para cumplirlo perfectamente.
Pero Gálatas 3:13 introduce la gloriosa intervención de Cristo:
“Cristo nos ha rescatado de la maldición…”
La cruz se convierte entonces en el lugar donde Cristo toma aquello que estaba sobre nosotros.
La cruz representa una reversión porque Cristo cambia nuestra posición delante de Dios.
Lo que era condenación encuentra en Cristo una respuesta de redención.
No debemos mirar la cruz solamente como un acontecimiento histórico. Debemos verla como la expresión del amor de Dios hacia nosotros.
La pregunta no es solamente:
¿Qué hizo Cristo en la cruz?
También debemos preguntarnos:
¿Qué está haciendo Cristo en mi vida a través de la cruz?
La cruz debe producir arrepentimiento, gratitud, obediencia y transformación.
LA MALDICIÓN NO VIENE SIN CAUSA
Proverbios 26:2 — RV1960
“Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa.”
Deuteronomio 7:25 — KADOSH
“Ustedes quemarán completamente las estatuas talladas de sus dioses. No sean avariciosos por la plata u oro de ellos; no lo tomen con ustedes, o ustedes serán entrampados por ello; porque es aborrecible a YAHWEH su Elohim.”
Deuteronomio 7:26 — KADOSH
“No traigan a su casa nada aborrecible, o compartirán en la maldición que está sobre ello; más bien, lo detestarán completamente, lo aborrecerán totalmente; porque está apartado para destrucción.[31]”
“a su casa”
Esta expresión merece atención porque habla de aquello que una persona permite introducir dentro de su ambiente.
La enseñanza nos lleva a examinar qué estamos permitiendo entrar a nuestra vida y a nuestro hogar.
No todo lo que podemos tener conviene que lo tengamos.
No todo lo que podemos permitir debe entrar.
La vida espiritual también requiere discernimiento.
Hay cosas que pueden parecer pequeñas, pero que terminan afectando nuestra relación con Dios.
La exhortación es clara: no debemos jugar con aquello que Dios llama aborrecible.
La cruz no solamente nos habla de recibir bendición; también nos enseña a abandonar aquello que nos aleja de Dios.
DIFERENTES CAUSAS QUE DEBEN SER REVISADAS
Deuteronomio 28:15 — Spanish LBLA
“Pero sucederá que si no obedeces al SEÑOR tu Dios, guardando todos sus mandamientos y estatutos que te ordeno hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán:”
“si no obedeces”
La obediencia ocupa un lugar fundamental.
La pregunta espiritual no debe ser solamente si conocemos la Palabra, sino si estamos dispuestos a obedecerla.
Podemos conocer muchos principios bíblicos y, sin embargo, permanecer en desobediencia.
Jeremías 17:5 — Spanish LBLA
“Así dice el SEÑOR: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del SEÑOR se aparta su corazón.”
“confía”
El problema no es solamente confiar, sino en quién estamos colocando nuestra confianza.
Cuando la confianza que corresponde a Dios es depositada completamente en el hombre, el corazón comienza a apartarse del Señor.
La cruz vuelve a ordenar nuestras prioridades: Dios debe ocupar el primer lugar.
Zacarías 5:3 — Spanish LBLA
“Entonces me dijo: Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; ciertamente todo el que roba será destruido según lo escrito en un lado, y todo el que jura será destruido según lo escrito en el otro lado.”
- “el que roba”
- “el que jura”
El estudio nos lleva nuevamente a revisar nuestras acciones y nuestra conducta.
La espiritualidad verdadera no está separada de nuestra manera de vivir.
Santiago 3:10 — Spanish LBLA
“de la misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así.”
“boca”
Aquí encontramos una confrontación directa.
La boca puede convertirse en instrumento de bendición o de maldición.
Por eso Santiago declara:
“esto no debe ser así.”
Aplicación devocional
Debemos permitir que la cruz transforme también nuestra manera de hablar.
No tiene sentido hablar de Cristo con nuestros labios mientras utilizamos esos mismos labios para destruir, maldecir, herir o desanimar.
La reversión que Cristo quiere producir comienza muchas veces en áreas tan sencillas como:
- lo que pensamos;
- lo que hablamos;
- en quién confiamos;
- lo que permitimos entrar;
- y cómo obedecemos.
LAS REVERSIONES DE LA CRUZ
Este es el corazón del estudio.
La cruz representa el lugar donde Dios puede cambiar el resultado de una situación.
No significa que todas las circunstancias cambiarán exactamente como nosotros queremos, sino que Dios puede transformar el significado, el resultado y el propósito de aquello que parecía destinado a destrucción.
La cruz nos enseña que Dios sigue teniendo la última palabra.
REVERSIÓN
JAFÁK
JAFÁK = VOLTEAR – CAMBIAR – TRANSFORMAR.
JAFÁK = ALEJARSE – RETROCESO ESPIRITUAL – REGRESAR.
Aquí encontramos una dimensión muy importante.
La reversión puede entenderse como un cambio de dirección.
Puede ser que Dios transforme una situación.
Pero también puede ser que Dios esté llamando a una persona a cambiar de dirección espiritualmente.
Dos dimensiones
- Dios puede cambiar una situación.
Puede transformar el mal en bien, la maldición en bendición, el lamento en alegría.
- Dios puede cambiar nuestra dirección.
Podemos habernos alejado, experimentar un retroceso espiritual y necesitar regresar.
Esto hace que el tema sea profundamente personal.
La pregunta no es solamente:
“¿Qué situación quiero que Dios revierta?”
También debemos preguntar:
“¿Qué necesita Dios revertir en mí?”
Quizá Dios quiere revertir:
- una actitud;
- una decisión;
- una relación equivocada;
- una manera de hablar;
- una falta de obediencia;
- un alejamiento espiritual;
- una pérdida del primer amor.
La cruz no solamente cambia circunstancias: cambia personas.
DIOS TRANSFORMA EL MAL EN BIEN
Génesis 50:19 — BAD
“—No tengáis miedo —les contestó José—. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios?”
José había sufrido situaciones profundamente difíciles, pero aprendió a colocar el resultado en las manos de Dios.
Génesis 50:20 — BAD
“Es verdad que vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.”
“transformó”
“en bien”
Aquí encontramos una de las expresiones más claras de una reversión.
El hombre puede tener una intención, pero Dios puede tener un propósito mayor.
Ellos pensaron hacer mal.
Dios transformó ese mal en bien.
Esto no significa que el mal fuera bueno.
Significa que Dios fue capaz de tomar aquello que había sido destinado para hacer daño y utilizarlo dentro de su propósito.
Tal vez estamos atravesando situaciones que todavía no entendemos.
No debemos confundir:
“No entiendo lo que Dios está haciendo”
con:
“Dios no está haciendo nada.”
José no podía cambiar su pasado.
Pero Dios podía cambiar el resultado de su pasado.
Deuteronomio 23:5 — Spanish LBLA
“Mas el SEÑOR tu Dios no quiso escuchar a Balaam, sino que el SEÑOR tu Dios te cambió la maldición en bendición, porque el SEÑOR tu Dios te ama.”
“cambió”
“bendición”
Aquí aparece nuevamente el principio de reversión.
El texto presenta una acción divina:
Dios cambió.
Y el resultado:
la maldición en bendición.
Y aparece también una razón:
“porque el SEÑOR tu Dios te ama.”
Esto es profundamente devocional.
La reversión no solamente habla del poder de Dios.
También habla de su amor.
CUANDO SUCEDE LO CONTRARIO
Ester 9:1 — RV1960
“En el mes duodécimo, que es el mes de Adar, a los trece días del mismo mes, cuando debía ser ejecutado el mandamiento del rey y su decreto, el mismo día en que los enemigos de los judíos esperaban enseñorearse de ellos, sucedió lo contrario; porque los judíos se enseñorearon de los que los aborrecían.”
“sucedió lo contrario”
Esta expresión resume perfectamente el concepto de reversión.
Los enemigos esperaban una cosa.
Pero ocurrió otra.
Esperaban dominar.
Pero fueron dominados.
Esperaban una derrota.
Pero encontraron una victoria.
Hay momentos en los que las circunstancias parecen tener un resultado inevitable.
Pero Dios sigue siendo soberano.
Esto no significa que debemos vivir esperando que Dios siempre haga exactamente lo que nosotros queremos.
Significa que nuestra confianza debe estar puesta en Él aun cuando no conocemos el resultado.
Ester 8:5 — BL95
“Le dijo: “Si el rey lo estima conveniente y si quiere hacerme un favor, si le parece justo al rey y si me dispensa su amistad, dé una orden por escrito para anular las cartas escritas por Amán, hijo de Hamdata, descendiente de Agag. Porque él escribió que se diera muerte a todos los judíos que se encuentran en las provincias del reino.”
“muerte”
La amenaza estaba establecida.
Existía un decreto.
La muerte estaba contemplada como resultado.
Pero Dios permitió una intervención que cambió la situación.
Aquí podemos contemplar nuevamente el principio de la reversión.
Hay decretos humanos, circunstancias, palabras y situaciones que parecen tener la última palabra.
Pero para el creyente, la última palabra pertenece a Dios.
La cruz es la máxima demostración de esto.
Los hombres vieron muerte.
Dios estaba estableciendo victoria.
LA NUEVA SITUACIÓN
Job 42:10 — BL95
“Yavé hizo que la nueva situación de Job superara la anterior, porque había intercedido por sus amigos y aun Yavé aumentó al doble todos los bienes de Job.”
“la nueva situación”
La expresión nos conduce a contemplar que la historia de Job no terminó en el punto más doloroso de su proceso.
Hubo una nueva situación.
La etapa anterior no fue la etapa definitiva.
Esto puede traer esperanza a una persona que está atravesando un proceso difícil.
Una temporada no necesariamente define toda una vida.
Salmos 30:11 — RV1960
“Has cambiado mi lamento en baile; Desataste mi cilicio, y me ceñiste de alegría.”
Lamento → baile
Cilicio → alegría
Dios puede cambiar la expresión de una temporada.
El dolor no tiene necesariamente la última palabra.
Salmos 30:12 — RV1960
“Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.”
El resultado final de la reversión no es simplemente recibir algo de Dios.
Es adorar a Dios.
David termina diciendo:
“Te alabaré para siempre.”
La bendición debe conducirnos a la adoración.
La respuesta correcta ante la obra de Dios es reconocer quién fue el que hizo la transformación.
Las reversiones de la cruz nos enseñan que Dios puede cambiar el resultado de aquello que parecía estar en nuestra contra.
La Escritura nos mostró:
Maldición → rescate en Cristo.
Mal → bien.
Maldición → bendición.
Derrota esperada → victoria.
Amenaza de muerte → preservación.
Situación anterior → nueva situación.
Lamento → baile.
Cilicio → alegría.
Pero existe una reversión todavía más profunda:
Un pecador → una persona reconciliada con Dios por medio de Cristo.
La cruz es la gran reversión de la historia humana.
Lo que parecía ser el final se convirtió en el principio de una nueva esperanza.
Cristo tomó nuestro lugar.
Cristo cargó nuestra culpa.
Cristo llevó sobre sí la maldición.
Y por medio de Él tenemos la posibilidad de una nueva vida.
Por eso, cuando hablamos de las reversiones de la cruz, no debemos quedarnos únicamente esperando que Dios cambie nuestras circunstancias.
Debemos permitir que Dios nos cambie a nosotros.
Si nos hemos alejado, necesitamos regresar.
Si hemos experimentado un retroceso espiritual, necesitamos volver a avanzar.
Si nuestra boca ha producido heridas, necesitamos permitir que Dios transforme nuestras palabras.
Si hemos colocado nuestra confianza en el hombre, necesitamos volver nuestro corazón al Señor.
Si hemos permitido cosas que no agradan a Dios, necesitamos sacarlas de nuestra vida.
Si estamos atravesando una temporada difícil, necesitamos recordar que Dios todavía puede transformar el resultado y utilizar aun las circunstancias dolorosas para cumplir sus propósitos.
La cruz nos recuerda que Dios no desperdicia el dolor cuando lo colocamos en sus manos.
José pudo decir que aquello que sus hermanos habían pensado para mal, Dios lo transformó para bien.
Deuteronomio nos recuerda que Dios puede cambiar una maldición en bendición.
Ester nos muestra que puede suceder lo contrario de lo que el enemigo esperaba.
Job nos muestra una nueva situación.
David nos muestra que el lamento puede convertirse en baile.
Y Gálatas nos muestra la mayor de todas las reversiones:
Cristo tomó la maldición sobre sí para rescatarnos.
Por eso nuestra confianza no está en las circunstancias.
Nuestra confianza está en Cristo y en la obra terminada de la cruz.