1 Corintios 3:16 (TLA)

“¿Acaso no saben que ustedes son un templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?”

Nos recuerda que no somos cualquier cosa: somos el templo donde habita el Espíritu Santo. Así como en el Antiguo Testamento el templo era sagrado, ahora nuestros cuerpos, pensamientos, emociones y decisiones deben reflejar esa santidad. Guardar el templo es vivir con responsabilidad espiritual y reverencia.

Mateo 5:29 (TLA, PDT)

PDT – “Así que si tu ojo derecho te hace pecar, sácalo y tíralo. Es mejor que pierdas parte de tu cuerpo a que todo el cuerpo sea echado al infierno”.

TLA – “Si lo que ves con tu ojo derecho te hace desobedecer a Dios, es mejor que te lo saques y lo tires lejos. Es preferible que pierdas una parte del cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno”.

Jesús nos enseña algo profundo: no hay nada más valioso que la santidad del alma. Guardar el templo significa cortar radicalmente con todo lo que contamina nuestra vida espiritual, aunque nos duela.

Romanos 10:17 (PDT, PESHITTA, RV1960)

RV60 – “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.

PDT – “Así que la fe es el resultado de oír el mensaje. La gente oye el mensaje cuando alguien le habla de Cristo”.

PESHITTA – “Ahora pues, la fe viene por escuchar atentamente, por escuchar atentamente la palabra de Dios”.

Nuestra fe crece por lo que escuchamos y recibimos. Así como un templo necesita limpieza constante, nuestro interior necesita estar alimentado por la Palabra. Lo que oímos moldea lo que creemos y finalmente lo que vivimos.

Romanos 12:2 (BLS, PDT, NTV)

BLS – “Y no vivan ya como vive todo el mundo. Al contrario, cambien de manera de ser y de pensar. Así podrán saber qué es lo que Dios quiere, es decir, todo lo que es bueno, agradable y perfecto”.

PDT – “No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios transforme su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán entender y aceptar lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él”.

NTV – “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es Buena, agradable y perfecta”.

Guardar el templo también implica una transformación de pensamiento. No podemos seguir el molde del mundo. Dios quiere renovar nuestras ideas, actitudes y deseos.

Jeremías 17:10 (PDT, RV1960)

Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón…

Dios conoce lo más profundo de nuestro templo interior. Él no solo mira las acciones, sino también las intenciones. Guardar el templo implica honestidad interna y limpieza del corazón.

Lucas 6:45 (BLS)

La gente buena siempre hace el bien, porque el bien habita en su corazón…

Lo que sale de nuestra boca revela lo que hay en nuestro corazón. Si el templo está limpio, lo que sale de nosotros será bueno. Las palabras son termómetros del alma.

Proverbios 4:23 (NTV)

Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque éste determina el rumbo de tu vida.

Este versículo es clave. Nos llama a vigilar lo que permitimos entrar a nuestro corazón, ya que de allí brotan las decisiones, relaciones, palabras y actos.

Salmos 34:13 (NTV)

¡Entonces refrena tu lengua de hablar el mal y tus labios de decir mentiras!

 

El templo también se guarda con lo que decimos. Las palabras pueden edificar o destruir. El autocontrol en la lengua es evidencia de un corazón gobernado por Dios.

Diana de Pedroza

Pastora, Iglesia de Cristo Restauración