Filipenses 3:18-19 (RV1960)
“Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son ENEMIGOS DE LA CRUZ DE CRISTO; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal.”
El apóstol Pablo, con profundo dolor en su corazón, advierte a la iglesia de Filipos sobre una realidad espiritual que aún hoy persiste: existen enemigos de la cruz de Cristo.
No se refiere necesariamente a los que odian abiertamente a Jesús, sino a aquellos que profesan creer, pero niegan el poder de la cruz con su estilo de vida.
La cruz no sólo representa el sacrificio de Cristo, sino también el llamado a morir a nosotros mismos, a nuestro ego y a los deseos carnales. El enemigo de la cruz es aquel que rehúsa ese llamado y busca vivir según su propio deseo y comodidad.
LA CRUZ ES LOCURA PARA LOS QUE SE PIERDEN
1 Corintios 1:18 (RV1960)
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”
El mensaje de la cruz confronta el orgullo humano. En un mundo que exalta el éxito, la cruz habla de humillación; mientras el hombre busca grandeza, la cruz enseña obediencia y entrega. Los enemigos de la cruz consideran insensato renunciar al placer, al ego o a la ambición, pero para el creyente verdadero, la cruz es el poder que transforma y da vida.
EL LLAMADO DE JESÚS A TOMAR LA CRUZ
Mateo 16:24 (NTV)
“Luego Jesús dijo a sus discípulos: ‘Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme.’”
Jesús no invita a una religión cómoda, sino a un discipulado de entrega. Tomar la cruz no es símbolo de derrota, sino de obediencia. El verdadero seguidor de Cristo renuncia al “yo” para que Cristo reine.
EL ENEMIGO DE LA CRUZ: EL EGOÍSMO
Proverbios 18:1 (BLS)
“El que es egoísta sólo piensa en sí mismo y no acepta ningún consejo.”
El egoísmo es la raíz de muchos males espirituales. Quien sólo busca su propio bienestar, se vuelve insensible a la voz del Espíritu y termina resistiendo el mensaje de la cruz. El enemigo de la cruz es aquel que ama más su voluntad que la de Dios.
LA IDENTIFICACIÓN CON CRISTO EN LA CRUZ
Gálatas 2:20 (TLA)
“En realidad, también yo he muerto en la cruz, junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a mi confianza en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme.”
- El creyente que ha entendido la cruz puede decir: “ya no vivo yo”. La vida cristiana no se trata de lo que hacemos por Cristo, sino de lo que Cristo hace en nosotros.
- El enemigo de la cruz se aferra a su vieja naturaleza; el amigo de la cruz permite que Cristo viva y gobierne en él.
CRUCIFICAR AL “VIEJO HOMBRE”
Romanos 6:6 (RV1960)
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.”
La cruz no sólo nos limpia del pecado pasado, sino que también rompe el poder del pecado presente. El viejo hombre no debe ser alimentado, sino crucificado. Cada día debemos negarnos a nosotros mismos para caminar en santidad.
CRUCIFICAR LA CARNE Y SUS DESEOS
Gálatas 5:24 (LBLA)
“Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”
Gálatas 5:26 (LBLA)
“No nos hagamos vanagloriosos, provocándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”
El enemigo de la cruz no soporta morir a sus pasiones. Pero el verdadero cristiano sabe que seguir a Cristo implica renunciar a los deseos que ofenden a Dios. No se trata de perfección, sino de decisión diaria de vivir según el Espíritu y no según la carne.
GLORIARSE EN LA CRUZ
Gálatas 6:14 (BJ3)
“En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!”
- El verdadero hijo de Dios no se gloría en sí mismo, sino en la cruz.
- Allí encuentra su identidad, su libertad y su propósito.
- El mundo quedó crucificado para nosotros, y nosotros para el mundo.
- El enemigo de la cruz ama el mundo; el amigo de la cruz ama al Crucificado.
Ser enemigo de la cruz no siempre significa oponerse a Cristo con palabras, sino negar su obra con la vida. La cruz no es adorno, es compromiso; no es símbolo, es llamado. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a vivir identificados con la cruz, renunciando a nuestro yo, y reflejando a Cristo en todo.
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