La luz que resplandece en medio de las tinieblas
Isaías 9:2 (RV1960) “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”
El profeta Isaías describe una transformación gloriosa: un pueblo que caminaba en oscuridad recibe una revelación celestial. La luz representa la manifestación de la presencia de Dios que disipa la ignorancia espiritual y la opresión del pecado. La oscuridad simboliza el mundo sin Cristo; la luz, la venida del Mesías.
Todo aquel que ha sido iluminado por Cristo deja atrás las sombras del pasado. Ser iluminado no es solo conocer la verdad, sino vivir en ella y reflejarla.
La Gloria de Dios sobre su pueblo
Isaías 60:1 (BLS)
«Habitantes de Jerusalén, ustedes están llenos de esplendor porque la gloria de Dios brilla sobre ustedes. Una noche oscura envuelve a las naciones, pero Dios hará brillar su luz, y así los reyes del mundo verán la gloria futura de Israel».
El llamado de Isaías es profético: “Levántate y resplandece”. La gloria de Dios es la luz que cubre a su pueblo en medio de las tinieblas globales. Aunque el mundo esté envuelto en oscuridad, los hijos de Dios son los portadores de la luz divina.
La gloria no es un brillo humano, sino el reflejo de la presencia del Espíritu Santo en quienes caminan conforme a su Palabra.
Llamados a vivir separados de las tinieblas
Efesios 5:11 (RV1960)
“Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.”
El apóstol Pablo exhorta a los creyentes a mantenerse puros y a no mezclarse con las tinieblas. Ser iluminado implica ser diferente, tener discernimiento espiritual y confrontar el pecado con la verdad de la luz.
La luz no solo revela, también corrige. Vivir en la luz es una declaración de santidad y de testimonio ante el mundo.
Los iluminados por el Espíritu Santo
Hebreos 6:4-6 (LBLA)
“Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública.”
El autor de Hebreos nos advierte que haber sido iluminado por el Espíritu Santo implica una gran responsabilidad. Aquellos que han probado la presencia y el poder de Dios no pueden volver atrás sin consecuencias. La luz que recibimos demanda fidelidad.
Ser iluminado no es un momento emocional, sino una transformación espiritual permanente. La verdadera señal de un iluminado es su perseverancia.
La mirada que transforma
Salmos 34:5 (BLA 1995)
“Mírenlo a él y serán iluminados y no tendrán más cara de frustrados.”
El salmista revela el poder de la adoración. Cuando fijamos nuestra mirada en el Señor, su luz se refleja en nosotros. La frustración desaparece cuando nuestros ojos se enfocan en su gloria.
Salmos 119:130 (DHH)
“La explicación de tus palabras ilumina, instruye a la gente sencilla.”
La Palabra de Dios es la fuente de la luz espiritual. No hay iluminación sin revelación de la Escritura.
La luz del iluminado nace de la Palabra y del encuentro personal con Dios. Mirar al Señor es mirar hacia la verdad que libera.
Iluminados en la mente y el corazón
Efesios 1:18 (DHH)
“Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo.”
La verdadera iluminación no está en el conocimiento intelectual, sino en la revelación espiritual. Pablo ora para que los ojos del corazón sean abiertos y comprendan el llamado eterno.
Cuando el entendimiento es alumbrado por Dios, dejamos de vivir por vista y comenzamos a vivir por fe. La luz interior nos conecta con la esperanza eterna.
Hijos de luz en medio de una generación torcida
Filipenses 2:14-15 (BL95)
“Cumplan todo sin quejas ni discusiones; así no tendrán falla ni defecto y serán hijos de Dios sin reproche en medio de una raza descarriada y pervertida. Ustedes son luz en medio de ellos, como las estrellas en el universo.”
El apóstol Pablo compara a los hijos de Dios con estrellas en el firmamento: brillan en medio de la oscuridad moral del mundo. Su conducta refleja la naturaleza del Padre.
Nuestra luz no depende de las circunstancias, sino de la comunion constante con el Espíritu Santo. Brillar en medio de la corrupción es nuestra misión.
El ojo bueno: la puerta de la luz
Lucas 11:34 (RV1960)
“La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas.”
Jesús enseña que la dirección de nuestra mirada espiritual determina la condición de nuestro ser interior. Un ojo bueno es un corazón enfocado en la pureza y en lo eterno.
La verdadera iluminación se manifiesta en una vida limpia, guiada por la perspectiva de Cristo.
El fruto de la luz
Efesios 5:9 (NTV)
“Pues esa luz que está dentro de ustedes produce sólo cosas buenas, rectas y verdaderas.”
Efesios 5:9 (DHH 1994)
“pues la luz produce toda una cosecha de bondad, rectitud y verdad.”
La luz no solo se recibe, se manifiesta. El fruto de la luz es visible: bondad, justicia y verdad. Ser iluminado es producir una vida coherente con el carácter de Cristo.
El fruto es la evidencia del fuego interior. La luz que no da fruto es solo teoría; la luz verdadera transforma y edifica.
Ejemplo de los iluminados: José
Génesis 39:21 (DHH)
“El Señor siguió estando con José y mostrandole su bondad, pues hizo que se ganara la simpatía del jefe de la cárcel.”
Aunque José fue encerrado injustamente, la luz de Dios en él no se apagó. Su carácter fiel y su corazón iluminado por la presencia divina lo mantuvieron en favor y victoria.
La luz del iluminado no depende del lugar donde está, sino de Quién está con él. José fue portador de la gloria de Dios en la oscuridad de una prisión.
El apoyo mutuo de los iluminados
Éxodo 17:11-12 (DHH)
“Cuando Moisés levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas. Pero como a Moisés se le cansaban los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentara en ella. Luego Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso.”
Aarón = Iluminado
Aarón representa al que sostiene, al que comparte la luz y el peso de la obra. Los iluminados no compiten, se complementan. La victoria del pueblo depende de la unidad de los que portan la luz.
La luz compartida se multiplica. Los iluminados sostienen las manos del ministerio para que la gloria de Dios prevalezca.
La gloria de los iluminados
El camino de los iluminados es el sendero de los que reflejan la gloria de Cristo. Vivir en la luz es caminar en verdad, justicia y amor. La gloria de los iluminados no es humana, es la manifestación de Cristo en nosotros.
Que el Señor despierte en nosotros la pasión de resplandecer en medio de las tinieblas, para que el mundo vea su luz a través de nuestra vida.
“Levántate y resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.” (Isaías 60:1)