Al finalizar un año, el pueblo de Dios es llamado no solo a hacer balances humanos, sino a reconocer espiritualmente quién ha sido la fuente de todo lo recibido. Este tema nos lleva a entender que Dios no solo da bienes, sino que corona el año, lo cierra, lo rodea y lo completa con Su bondad. Este estudio sigue el orden de la presentación y busca edificar, exhortar y guiar al creyente a una mayordomía fiel.
“Tú coronas el año con tus bienes”
Salmos 65:11 (BLPH)
“Tú coronas el año con tus bienes, y tus decisiones son fuente de abundancia.”
La palabra coronas implica cerrar un ciclo con honra, rodear y completar. No es casualidad que lleguemos al final del año: es Dios quien lo rodea con Su favor. Nada de lo vivido estuvo fuera de Su soberanía.
- Cerrar el círculo
- Rodear con gracia
- Completar con propósito
Dios colma nuestros años de bienes
Salmos 103:5 (LBLA)
“El que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila.”
No solo recibimos bienes materiales, sino renovación espiritual. Cuando Dios colma, también restaura fuerzas, esperanza y visión.
Los bienes como una administración confiada
Mateo 25:14 (RV1960)
“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.”
Mateo 25:15 (RV1960)
“A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.”
Nada es nuestro por derecho propio; todo nos ha sido entregado en confianza. Dios espera fidelidad, no comparación.
Dios es el dueño de todo
Salmos 24:1 (TLA)
“Dios es dueño de toda la tierra y de todo lo que hay en ella; también es dueño del mundo y de todos sus habitantes.”
Reconocer la soberanía de Dios nos libra del orgullo y nos lleva a la gratitud. Somos administradores, no propietarios.
Honrar a Dios con nuestros bienes
Proverbios 3:9 (LBLA)
“Honra al SEÑOR con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos;”
Honrar a Dios no es un acto simbólico, es una expresión de fe y dependencia. Las primicias declaran que Dios ocupa el primer lugar.
¿Cuál es el propósito de darnos Sus bienes?
1 Juan 3:17 (LBLA)
“Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él?”
Lucas 12:19 (LBLA)
“Y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes depositados para muchos años; descansa, come, bebe, diviértete.”
Los bienes tienen un propósito mayor: manifestar el amor de Dios y bendecir a otros. Cuando los bienes se vuelven un fin, se convierten en un peligro.
El peligro de no honrar a Dios con los bienes
Lucas 12:19 (KADOSH)
“Entonces, me diré a mí mismo: ‘¡Eres un hombre afortunado! ¡Tienes una gran reserva de bienes almacenados que durarán para muchos años! ¡Tómala suave! ¡Come! ¡Bebe! ¡Disfruta, diviértete!'”
Actitudes descritas (Diviertete):
- Pásalo bien
- Regocíjate
- Huélgate
- Relájate
- Goza de la vida
Cuando los bienes reemplazan a Dios, el corazón se endurece y se pierde la sensibilidad espiritual.
El llamado a no aferrarnos a los bienes
Lucas 17:30–32 (RV1960)
“Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.
En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
Acordaos de la mujer de Lot.”
Aferrarse a los bienes puede costarnos el propósito eterno. Dios nos llama a un corazón libre y obediente.
El verdadero reposo viene de Dios
Salmos 116:7 (LBLA)
“Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el SEÑOR te ha colmado de bienes.”
Coronar el año con Sus bienes es reconocer que todo lo recibido proviene de Dios y debe volver a Él en honra, obediencia y servicio. Que, al cerrar este año, nuestro corazón esté alineado con el propósito eterno.
Hoy el Señor nos invita a rendir nuestros bienes, nuestro tiempo y nuestro corazón. Si hemos vivido aferrados a lo material, es tiempo de volver al reposo del Señor y permitirle coronar nuestra vida con Su gracia.
“Señor, reconocemos que todo proviene de Ti. Recibe nuestra gratitud, nuestra obediencia y nuestros bienes. Corona nuestra vida y el año que termina con Tu favor y Tu propósito eterno. Amén.”
El reposo no está en lo que poseemos, sino en Aquel que nos provee.