La iglesia de Laodicea recibió del Señor un mensaje profundamente confrontador. No se trataba únicamente de una condición externa, sino de una realidad espiritual que podía permanecer escondida detrás de una apariencia de prosperidad, autosuficiencia y seguridad.

El Señor le declara:

“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.” Apocalipsis 3:17, RV1960

Hay una expresión especialmente importante: “y no sabes”.

La iglesia pensaba una cosa acerca de sí misma, pero Cristo veía otra realidad. Esto nos enseña que existe una diferencia entre lo que nuestros ojos naturales perciben y lo que Dios ve en nuestro interior.

Por eso, la exhortación del Señor no fue solamente que cambiaran determinadas conductas, sino que recuperaran la capacidad espiritual de ver:

“…y unge tus ojos con colirio, para que veas.”
Apocalipsis 3:18, RV1960

El problema de la ceguera espiritual consiste en no poder percibir correctamente nuestra condición, la voluntad de Dios, las circunstancias que nos rodean y aquello que el Señor quiere mostrarnos.

Este estudio nos llevará a considerar qué puede cegar nuestros ojos espirituales, qué significa tener los ojos abiertos y cómo podemos aprender a mirar nuevamente con la perspectiva de Dios.

“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”
Apocalipsis 3:16, RV1960

La primera característica que aparece en el mensaje a Laodicea es la tibieza.

El problema no era simplemente una falta de actividad. La tibieza describe una condición espiritual en la cual la persona ha perdido definición, intensidad y sensibilidad delante de Dios.

Una persona puede continuar asistiendo, hablando, sirviendo e incluso conservando una apariencia religiosa, pero interiormente puede haber perdido la sensibilidad hacia Dios.

Apocalipsis 3:17

“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.”
Apocalipsis 3:17, RV1960

Aquí encontramos una de las expresiones más fuertes:

“NO SABES”

La iglesia tenía una percepción de sí misma, pero esa percepción no correspondía con la realidad espiritual que Cristo estaba viendo.

El Señor menciona cinco condiciones:

  • Desventurado
  • Miserable
  • Pobre
  • Ciego
  • Desnudo

Entre ellas aparece ciego, mostrando que la persona puede encontrarse en una condición espiritual seria y, al mismo tiempo, no darse cuenta de ella.

 “UNGE TUS OJOS CON COLIRIO”

“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.” Apocalipsis 3:18, RV1960

El Señor no solamente revela la condición; también presenta una respuesta.

Hay tres imágenes en el versículo:

Oro refinado → verdadera riqueza espiritual.

Vestiduras blancas → cubrir la vergüenza de la desnudez.

Colirio → recuperar la capacidad de ver.

El colirio representa aquí la necesidad de que nuestros ojos espirituales sean tratados por Dios.

No basta con tener ojos. Es necesario ver correctamente.

Y no basta con mirar las circunstancias; necesitamos aprender a contemplarlas desde la perspectiva de Dios.

PERSONAJES RELACIONADOS CON LA CEGUERA Y LA VISIÓN

AGAR, JOB, EL CIEGO DE SILOÉ

Estas referencias nos permiten considerar diferentes experiencias relacionadas con los ojos y con aquello que Dios permite que el ser humano pueda percibir.

La Escritura muestra repetidamente que existen momentos en los cuales una persona puede estar frente a una realidad, pero necesitar que Dios le permita verla de una manera diferente.

LA CEGUERA ESPIRITUAL

“Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche; estamos en lugares oscuros como muertos.” Isaías 59:10, RV1960

La imagen es muy clara: alguien puede encontrarse caminando durante el día y, sin embargo, experimentar una condición semejante a la noche.

Esto describe una realidad espiritual:

Hay luz alrededor, pero la persona no logra verla.

Puede existir Palabra, consejo, exhortación y dirección de Dios, pero la condición interior puede impedir que la persona perciba aquello que el Señor está mostrando.

LA REBELDÍA PUEDE PRODUCIR CEGUERA

“Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y yo los sane.” Juan 12:40, RV1960

REBELDÍA

La rebeldía tiene consecuencias sobre nuestra capacidad de escuchar y responder a Dios.

El texto conecta:

ojos → entendimiento → conversión → sanidad.

Cuando los ojos no ven, el corazón tampoco comprende correctamente aquello que Dios quiere hacer.

Por eso, una de las preguntas que debemos hacernos es:

¿Estoy dispuesto a ver aquello que Dios quiere mostrarme, aunque confronte mi manera de pensar?

AMAR MÁS LA GLORIA DE LOS HOMBRES

Esta condición puede afectar nuestra percepción espiritual.

Cuando la aprobación de las personas comienza a tener más valor que la aprobación de Dios, podemos terminar viendo las cosas desde la perspectiva humana en lugar de hacerlo desde la perspectiva divina.

La pregunta entonces es:

¿Qué estoy tratando de conservar: la aprobación de los hombres o la comunión con Dios?

La necesidad del colirio espiritual implica permitir que Dios corrija incluso aquellas áreas que preferimos no mirar.

“Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.” 1 Juan 2:11, RV1960

POR ABORRECER AL HERMANO

El texto presenta una consecuencia directa:

Tinieblas → caminar en tinieblas → no saber hacia dónde se va → ojos cegados.

Esto significa que nuestra relación con nuestros hermanos no es un asunto secundario en la vida espiritual.

El resentimiento, el odio y la falta de perdón pueden afectar nuestra percepción espiritual.

Una persona puede pensar que está viendo claramente, pero el texto dice:

“…no sabe a dónde va…”

La ceguera espiritual no solamente impide ver dónde estamos; también puede impedirnos saber hacia dónde estamos caminando.

“Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.”  Salmos 119:18, RV1960

Esta debe ser también nuestra oración.

El salmista no dice simplemente: “quiero estudiar”.

Dice:

“ABRE MIS OJOS”

Reconoce que necesita que Dios le permita contemplar las maravillas de Su Palabra.

Podemos leer la Biblia y no verla.

Podemos escuchar una predicación y no verla.

Podemos recibir una exhortación y no verla.

Por eso necesitamos pedir:

“Señor, abre mis ojos.”

“Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal.” Génesis 3:5, Spanish LBLA

“CONOCIENDO EL BIEN Y EL MAL”

La expresión nos lleva al relato de la caída.

No todo aquello que promete “abrir nuestros ojos” procede de Dios.

La serpiente presentó la desobediencia como una forma de obtener conocimiento.

Esto nos enseña que necesitamos discernimiento:

No toda nueva percepción espiritual, conocimiento o experiencia nos acerca necesariamente a Dios.

Por eso debemos permitir que la Palabra de Dios sea quien determine qué es verdad y qué no lo es.

“¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”  Isaías 5:20, Spanish LBLA

“AY”

Y aparece también:

#H188 – GRITÓ DE LAMENTACIÓN

La idea comunica una expresión de dolor, lamentación y advertencia.

El problema presentado por Isaías es una inversión de valores:

  • Llamar al mal, bien.
  • Llamar al bien, mal.
  • Llamar tinieblas a la luz.
  • Llamar luz a las tinieblas.
  • Llamar amargo a lo dulce.
  • Llamar dulce a lo amargo.

Cuando los ojos espirituales están afectados, la persona puede terminar interpretando la realidad al revés.

Por eso necesitamos el colirio de Dios: para volver a distinguir conforme a Su Palabra.

“Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.”
Lucas 24:31, RV1960

“Y LE RECONOCIERON”

Aquí encontramos otro propósito de tener los ojos abiertos:

Reconocer al Señor.

Los ojos espirituales no solamente deben permitirnos identificar problemas; deben permitirnos reconocer a Cristo en nuestro caminar.

Podemos estar caminando junto a Él y, sin embargo, no reconocerlo inmediatamente.

“Jesús le dijo: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? María pensó que estaba hablando con el que cuidaba el jardín donde estaba la tumba. Por eso le dijo: —Señor, si usted se ha llevado el cuerpo que estaba en esta tumba, dígame dónde lo puso y yo iré a buscarlo.”
Juan 20:15, BLS

“¿POR QUÉ LLORAS?”

María estaba delante de Jesús, pero no lo reconocía.

Su dolor y la situación que estaba viviendo afectaban aquello que podía percibir.

Esto nos enseña algo importante:

Las circunstancias pueden influir en nuestra percepción.

Por eso necesitamos que Dios abra nuestros ojos aun en medio del dolor.

“Los discípulos lo vieron, pero no lo reconocieron. Llenos de miedo, gritaron: —¡Un fantasma! ¡Un fantasma!” Mateo 14:26, BLS

“UN FANTASMA”

Los discípulos vieron, pero no reconocieron.

Esto establece una diferencia fundamental:

Ver no siempre significa comprender.

Los ojos naturales pueden registrar una imagen, pero necesitamos discernimiento espiritual para interpretar correctamente aquello que estamos viendo.

“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,”
Efesios 1:18, RV1960

“LOS OJOS DE VUESTRO ENTENDIMIENTO”

Aquí encontramos una dimensión todavía más profunda.

No se trata únicamente de ojos físicos.

Pablo habla de los ojos del entendimiento.

Cuando Dios alumbra estos ojos podemos comprender:

  • La esperanza a la que hemos sido llamados.
  • Las riquezas de la gloria de Su herencia.
  • La dimensión espiritual de nuestra relación con Cristo.

Por eso, el verdadero colirio espiritual no consiste simplemente en recibir información.

Consiste en recibir luz para comprender espiritualmente lo que Dios está haciendo.

“Así que, mi Dios os proveerá de todo lo que necesitéis, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.” Filipenses 4:19, BAD

“PROVEERÁ DE TODO LO QUE NECESITÉIS”

Cuando nuestros ojos son iluminados también aprendemos a confiar en la provisión de Dios.

La mirada natural puede concentrarse en lo que falta.

La mirada de fe puede contemplar aquello que Dios ha prometido.

Esto no significa ignorar las necesidades reales, sino aprender a enfrentarlas desde la confianza en Cristo.

“Todos éstos murieron sin haber recibido lo prometido, pero lo vieron con los ojos de la fe y lo saludaron de lejos, reconociendo así que eran extranjeros y gente de paso sobre la tierra.”
Hebreos 11:13, AF

“CON LOS OJOS DE LA FE”

Aquí llegamos al punto culminante del estudio.

La fe permite mirar aquello que todavía no se ha recibido plenamente.

Estos hombres murieron sin haber recibido lo prometido, pero lo vieron con los ojos de la fe.

La fe cambia nuestra perspectiva.

No significa negar la realidad presente.

Significa reconocer que la realidad presente no es toda la historia.

“Quienes se comportan de esta forma, demuestran claramente que están buscando una patria.” Hebreos 11:14, AF

Los ojos de la fe producen una dirección.

Quien puede ver espiritualmente comienza a comprender que esta tierra no constituye su destino definitivo.

“Ahora bien, si lo que añoraban era la patria que abandonaron al venir a Palestina, a tiempo estaban de regresar a ella.”  Hebreos 11:15, AF

Había una posibilidad de regresar.

Sin embargo, ellos habían adquirido una visión diferente.

Ya no estaban mirando hacia atrás.

“Pero no, es claro que ellos suspiraban por una patria mejor, la patria celestial. Y como Dios les tenía preparada una ciudad, se honraba con que le llamasen ‘su Dios’.”
Hebreos 11:16, AF

Aquí encontramos el resultado de una visión espiritual:

“UNA PATRIA MEJOR”

Los ojos de la fe permiten mirar más allá de las circunstancias presentes y reconocer que existe una patria celestial.

El mensaje “Unge tus ojos con colirio” comienza con una iglesia que pensaba que veía, pero el Señor le mostró que estaba ciega.

Laodicea decía:

“De ninguna cosa tengo necesidad.”

Pero Cristo dijo:

“No sabes que tú eres… ciego…”

La enseñanza es profunda:

Podemos tener ojos y no ver.

Podemos escuchar y no entender.

Podemos estar cerca de Cristo y no reconocerlo.

Podemos tener conocimiento y aun así interpretar incorrectamente la realidad espiritual.

Por eso necesitamos que el Señor alumbre los ojos de nuestro entendimiento.

Necesitamos pedir como el salmista:

“Abre mis ojos…”

Necesitamos permitir que Dios nos muestre si existe:

  • rebeldía;
  • amor excesivo por la aprobación humana;
  • falta de perdón;
  • resentimiento;
  • confusión entre el bien y el mal;
  • dependencia de nuestra propia percepción;
  • o una pérdida de sensibilidad espiritual.

Y necesitamos llegar al lugar donde podamos decir:

“Señor, unge mis ojos con colirio para que pueda ver.”

Que podamos ver nuestra condición, pero también la gracia de Dios.

Que podamos ver lo que debe cambiar, pero también lo que Dios quiere hacer.

Que podamos ver las circunstancias, pero sin permitir que las circunstancias definan nuestra fe.

Que podamos ver a Cristo y reconocerlo.

 

 

Y finalmente, que podamos caminar con los ojos de la fe, como aquellos que, aunque todavía no habían recibido plenamente la promesa, pudieron verla de lejos y comprendieron que buscaban una patria mejor, la patria celestial.

Juan Carlos Pedroza Betancour

Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración