La Palabra de Dios nos muestra que, a lo largo de nuestra vida espiritual, existen diferentes batallas del alma que debemos conquistar. Algunas están relacionadas con circunstancias externas, mientras que otras tienen que ver con situaciones internas que buscan llevarnos al desánimo, a la vergüenza, a la desesperación, a la pérdida de fuerzas y, finalmente, a un lugar del cual parece difícil salir.

— Josué 12:17, LBLA

“el rey de Tapúa, uno; el rey de Hefer, uno”.

El nombre Hefer relaciona conceptos como fosa, vergüenza, oprobio y explorar la tierra, y posteriormente desarrolla el significado de Kjafár, relacionado con ahondar, escarbar y abrir.

Esto nos permite meditar en una realidad espiritual: hay situaciones que comienzan como una pequeña excavación, una abertura o un descenso, pero que pueden convertirse en una verdadera fosa si no son atendidas.

La fosa representa un lugar de descenso. Es un lugar donde la persona puede sentirse atrapada, debilitada, avergonzada o sin fuerzas. Pero el mensaje de esta enseñanza no termina en la fosa.

Dios sigue siendo poderoso para sacar al hombre de la fosa.

David declaró:

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
— Salmos 40:2, RV1960

Por eso, derrotar al rey de Hefer implica reconocer aquellas situaciones que quieren conducir nuestra vida hacia una fosa y permitir que Dios nos saque de ella, nos establezca sobre la peña y vuelva a enderezar nuestros pasos.

“el rey de Tapúa, uno; el rey de Hefer, uno;”
— Josué 12:17, LBLA

No podemos conformarnos con reconocer que existe una fosa; necesitamos comprender qué representa y cómo Dios nos conduce fuera de ella.

 

HEFER: FOSA, VERGÜENZA Y OPROBIO

  • Pozo / fosa
  • Vergüenza
  • Acarrear oprobio
  • Explorar la tierra

Kjafár = ahondar – escarbar – abrir

La idea de ahondar, escarbar y abrir nos habla de algo que va profundizando.

Hay situaciones que no aparecen de un momento a otro. Pueden comenzar con una pequeña apertura y terminar convirtiéndose en un lugar profundo.

Espiritualmente debemos tener cuidado con aquello que estamos permitiendo que se profundice en nuestro corazón.

Una herida que no se atiende puede profundizarse.
Una ofensa que no se entrega a Dios puede profundizarse.
Un pecado oculto puede profundizarse.
Una decepción puede profundizarse.
Una etapa de desesperación puede profundizarse.

Por eso es importante reconocer a tiempo aquello que está comenzando a convertirse en una fosa.

“El que cava una fosa, en ella cae; al que hace rodar una roca, la roca lo aplasta.”
— Proverbios 26:27, DHH 1994

Este principio nos confronta.

La persona puede terminar atrapada en aquello mismo que preparó para otros.

Esto nos lleva a examinar nuestro corazón.

¿Qué estamos cavando?

Podemos estar cavando:

  • resentimiento;
  • amargura;
  • rechazo;
  • enemistad;
  • desobediencia;
  • orgullo;
  • pecado;
  • palabras destructivas;
  • pensamientos de derrota.

La enseñanza nos llama a tener cuidado porque aquello que se profundiza puede terminar convirtiéndose en una trampa.

No debemos trabajar en la construcción de nuestra propia fosa.

En lugar de profundizar en aquello que nos destruye, necesitamos profundizar en nuestra relación con Dios.

“Deshonra, vergüenza pública, afrenta o vituperio extremo que causa humillación y desprecio ante los demás.”

La vergüenza puede convertirse en una prisión interior.

Una persona puede comenzar a pensar:

“Ya no puedo levantarme.”
“Ya no tengo solución.”
“Dios ya no puede utilizarme.”
“Mi pasado me define.”

Pero el propósito de Dios no es mantenernos permanentemente en el lugar de nuestra caída.

El enemigo puede utilizar la vergüenza para mantener a una persona mirando hacia abajo, mientras Dios desea levantarla.

La vergüenza dice:

“Escóndete.”

Dios dice:

“Levántate.”

La vergüenza recuerda constantemente la caída.

La gracia de Dios nos conduce hacia la restauración.

“¿Qué provecho hay en mi sangre, en que yo descienda a la fosa? ¿Te alabará el polvo? ¿Cantará tu fidelidad?”
— Salmos 30:10, NC*

Aquí aparece nuevamente la imagen de descender a la fosa.

La fosa representa un lugar de descenso.

Hay temporadas en las cuales una persona puede experimentar que está descendiendo cada vez más:

desánimo → desesperación → pérdida de fuerzas → aislamiento → sensación de abandono.

Pero debemos recordar algo fundamental:

El lugar donde estamos hoy no necesariamente es el lugar donde Dios quiere que terminemos.

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
— Salmos 40:2, RV1960

Este versículo contiene una secuencia preciosa:

  1. Dios saca

“me hizo sacar”

  1. Dios establece

“Puso mis pies sobre peña”

  1. Dios dirige

“enderezó mis pasos”

Dios no solamente quiere sacarnos del lugar donde caímos.

Quiere establecer nuestros pies.

Y después de establecerlos, quiere enderezar nuestro caminar.

Esto es importante porque salir de una fosa no debe convertirse simplemente en volver al mismo camino que nos llevó hacia ella.

La restauración también implica aprender a caminar de una manera diferente.

LAS DIFERENTES FOSAS

  • Pozo de miseria
  • Fosa fatal
  • Algo muy malo — desgracia o inevitable
  • Fosa infernal
  • Pozo burbujeante o fermentado

Estas expresiones presentan diferentes dimensiones de una situación que puede llevar a la persona hacia abajo.

Podemos encontrarnos en una condición donde todo parece mezclarse:

miseria + desesperación + vergüenza + pérdida de fuerzas.

Pero precisamente allí es donde necesitamos recordar que Dios no abandona a sus hijos en la fosa.

“Soy contado entre los que descienden a la fosa; he llegado a ser como hombre sin fuerza,”
— Salmos 88:4, LBLA

“hombre sin fuerza”

Esto nos muestra una condición extrema.

No solamente se está hablando de estar en una fosa.

Se está hablando de llegar al punto de sentir que ya no existen fuerzas para salir.

Hay momentos donde la persona intenta levantarse y vuelve a caer.

Intenta avanzar y vuelve a retroceder.

Quiere luchar, pero siente que no tiene fuerzas.

Y justamente en ese punto debemos recordar que nuestra esperanza no depende exclusivamente de nuestra propia capacidad.

Cuando nuestras fuerzas terminan, Dios todavía permanece.

NO TE OLVIDES DE SUS FAVORES

La presentación cambia ahora el enfoque hacia la restauración:

“Bendice, alma mía, al Señor, no te olvides de sus favores.”
— Salmos 103:2, BLPH

“no te olvides de sus favores”

Esto es fundamental.

Cuando estamos en una fosa, nuestra percepción puede concentrarse exclusivamente en el problema.

Por eso el salmista habla directamente con su propia alma:

“No te olvides.”

Hay que recordar lo que Dios ya hizo.

Recordar sus misericordias.

Recordar sus respuestas.

Recordar sus cuidados.

Recordar sus favores.

La memoria espiritual también puede convertirse en una fuente de fortaleza.

“Él perdona todos tus pecados, él sana todos tus males;”
— Salmos 103:3, BLPH

Aquí aparecen dos acciones:

Él perdona

Dios trata con nuestra culpa.

Él sana

Dios trata con nuestras heridas y males.

Esto nos recuerda que Dios no solamente está interesado en sacarnos de una situación externa.

También quiere trabajar en lo que sucede dentro de nosotros.

“él libra tu vida de la fosa, te corona de amor y de ternura;”
— Salmos 103:4, BLPH

Observe la progresión:

Perdona → sana → libra → corona.

La fosa no tiene que convertirse en nuestro destino.

Dios puede librar nuestra vida.

Y después de la liberación encontramos algo maravilloso:

“te corona de amor y de ternura.”

La persona que estaba descendiendo termina experimentando nuevamente el amor y la ternura de Dios.

“Decías en tu corazón: «Subiré hasta los cielos. ¡Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios! Gobernaré desde el extremo norte, en el monte de los dioses.”
— Isaías 14:13, BAD

“Decías en tu corazón”

Esto nos conduce a una realidad importante: antes de muchas acciones existe algo que está ocurriendo en el corazón.

El corazón puede convertirse en el lugar donde comienza un proceso.

Los pensamientos alimentados constantemente pueden producir actitudes.

Las actitudes pueden producir decisiones.

Y las decisiones pueden producir consecuencias.

Por eso necesitamos cuidar aquello que estamos permitiendo que se profundice en nuestro interior.

“Subiré a lo alto de las nubes, seré semejante al Altísimo.”
— Isaías 14:14, BAD

Aquí aparece una expresión de exaltación propia.

El problema presentado en el texto es el deseo de subir y ocupar una posición que no corresponde.

El corazón que busca elevarse independientemente de Dios termina entrando en un camino de descenso.

Esto establece un contraste importante para nuestra enseñanza:

Quien intenta exaltarse a sí mismo puede terminar descendiendo.

Mientras que quien se humilla delante de Dios puede experimentar que Dios mismo lo levanta.

“¡Pero has sido arrojado al sepulcro, a lo más profundo de la fosa!”
— Isaías 14:15, BAD

Aquí encontramos nuevamente el concepto central:

FOSA

El capítulo presenta un movimiento:

“Subiré” → “seré semejante” → “has sido arrojado” → “lo más profundo de la fosa”.

Esto nos enseña que el orgullo y la autosuficiencia pueden conducir al descenso.

Por eso derrotar al rey de Hefer también implica permitir que Dios trate con todo aquello que pretende ocupar en nosotros un lugar que solamente le corresponde a Él.

“Descendí hasta las raíces de los montes, la tierra con sus cerrojos me ponía cerco para siempre; pero tú sacaste de la fosa mi vida, oh SEÑOR, Dios mío.”
— Jonás 2:6, LBLA

Este versículo lleva la enseñanza a su punto culminante.

Jonás describe una situación que parecía tener:

  • profundidad;
  • cerrojos;
  • cerco;
  • permanencia.

Parecía que no había salida.

Pero aparece una palabra que cambia completamente el escenario:

“PERO”

“pero tú sacaste de la fosa mi vida”

La situación decía:

“Es imposible.”

Dios dijo:

“Yo puedo sacarte.”

La tierra tenía cerrojos.

Pero Dios tenía la autoridad para sacar su vida de la fosa.

 

 

“Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
— Salmos 40:2, RV1960

Juan Carlos Pedroza Betancour

Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración