A lo largo de la conquista de Canaán, Josué tuvo que enfrentar y derrotar diversos reyes que representan fortalezas espirituales que intentan gobernar la vida del creyente. Cada rey simboliza una forma de oposición al propósito de Dios. En esta ocasión estudiaremos al rey de Libna, cuyo nombre está relacionado con el ladrillo o adobe, elementos producidos por el esfuerzo humano.

Espiritualmente, Libna representa la confianza en la capacidad humana, la opresión producida por los sistemas del mundo y el humanismo que desplaza a Dios del centro de la vida. El creyente está llamado a vencer esta influencia, reconociendo que toda verdadera victoria procede del Señor y no de las fuerzas humanas.

Cuando el hombre sustituye la dependencia de Dios por la confianza en sí mismo, comienza a construir con “ladrillos” en lugar de las “piedras” que Dios provee. Por ello es necesario identificar esta fortaleza espiritual y derrotarla para vivir bajo el gobierno del Espíritu Santo.

Josué 12:15 (RV1960)

“el rey de Libna, otro; el rey de Adulam, otro;”

Aunque este versículo parece simplemente una lista de reyes derrotados, encierra una enseñanza espiritual profunda. Cada rey vencido representa una batalla ganada por el pueblo de Dios. El rey de Libna simboliza una mentalidad que debe ser conquistada por todo creyente.

Significado de Libna

Lebená = Ladrillo – Adobe

Representa

  • Opresión
  • Fuerza humana
  • Humanismo

EL LADRILLO: LA OBRA PRODUCIDA POR EL ESFUERZO HUMANO

Génesis 11:3 (RV1960)

“Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.”

Este pasaje corresponde a la construcción de la Torre de Babel. Observemos que el hombre decidió fabricar sus propios materiales para alcanzar sus propósitos.

La piedra es una obra de Dios; el ladrillo es una obra del hombre.

La piedra es creada por el Señor; el ladrillo debe ser fabricado por esfuerzo humano.

Babel representa la independencia de Dios, mientras que la piedra representa aquello que proviene del cielo.

Cuando el rey de Libna gobierna una vida, la persona comienza a confiar más en sus capacidades, conocimientos y recursos que en la dirección divina.

 

Comparación entre Humanismo y Cristianismo

Tema

Humanismo

Cristianismo

Centro del universo

El hombre

Dios

Fuente de verdad

La razón humana y la ciencia

La Palabra de Dios

Condición humana

Bueno por naturaleza

Sin Dios nada somos

La criatura más hermosa

El hombre

Dios

Su credo

Lo que se ve se cree

Dios

 

El problema no es el conocimiento, el trabajo o el desarrollo humano. El peligro aparece cuando el hombre ocupa el lugar que corresponde únicamente a Dios.

El humanismo enseña que el hombre puede resolverlo todo por sí mismo; el cristianismo enseña que separados de Dios nada podemos hacer.

Cuando Cristo deja de ser el centro, comenzamos a construir torres de Babel en lugar de levantar altares de adoración.

LIBNA PRODUCE OPRESIÓN Y ESCLAVITUD

Éxodo 5:8 (RV1960)

“Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.”

Los ladrillos también representan esclavitud.

Faraón obligaba a Israel a producir ladrillos continuamente. Cuanto más trabajaban para Egipto, menos tiempo tenían para adorar a Dios.

Esta es una estrategia que aún utiliza el enemigo: mantener al creyente tan ocupado en los asuntos terrenales que no tenga tiempo para la comunión con el Señor.

El sistema del mundo busca absorber completamente la atención del hombre para impedirle desarrollar una vida espiritual profunda.

1 Corintios 7:31 (KADOSH)

“Y los que se ocupan de los asuntos mundanos, como si no estuvieran absortos por ellos, porque la estructura presente de las cosas de este mundo no durará mucho más.”

Pablo enseña que debemos vivir en este mundo sin quedar atrapados por él.

Los asuntos temporales no deben gobernar nuestras prioridades eternas.

Cuando el rey de Libna domina una vida, la persona vive para producir, alcanzar, acumular y conquistar metas terrenales, pero descuida su relación con Dios.

Muchos creyentes no han abandonado a Dios deliberadamente; simplemente están tan ocupados fabricando “ladrillos” que ya no tienen tiempo para la oración, la adoración y el servicio.

La opresión espiritual comienza cuando las responsabilidades ocupan el lugar de la presencia de Dios.

GOSÉN: EL LUGAR DE SEPARACIÓN DEL SISTEMA DEL MUNDO

Génesis 46:34 (RV1960)

“entonces diréis: Hombres de ganadería han sido tus siervos desde nuestra juventud hasta ahora, nosotros y nuestros padres; a fin de que moréis en la tierra de Gosén, porque para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas.”

Dios permitió que Israel habitara en Gosén, un lugar separado de la influencia egipcia.

Los pastores eran despreciados por Egipto, pero eran aceptados por Dios.

Esto nos enseña que el pueblo del Señor no debe vivir bajo los principios del sistema mundano, sino bajo los principios del Reino de Dios.

Génesis 47:27 (RV1960)

“Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.”

Mientras permanecieron en Gosén hubo crecimiento, multiplicación y bendición.

La verdadera prosperidad no proviene del sistema del mundo sino de la obediencia a Dios.

Muchos buscan la bendición siguiendo los métodos de Egipto, pero Dios bendice a quienes permanecen en Gosén.

Cuando derrotamos al rey de Libna dejamos de depender de los métodos humanos y aprendemos a depender de los principios divinos.

EL HUMANISMO EXALTA LOS PENSAMIENTOS DEL HOMBRE

Isaías 65:2 (RV1960)

“Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos;”

Dios denuncia a un pueblo que decidió seguir sus propios razonamientos.

El humanismo coloca la opinión humana por encima de la voluntad divina.

La rebeldía no siempre se manifiesta mediante actos visibles; muchas veces comienza cuando una persona considera que sus pensamientos son superiores a la dirección de Dios.

El creyente debe someter sus pensamientos a la autoridad de la Palabra.

Cuando el hombre se convierte en su propia autoridad, Libna comienza a gobernar.

LOS LADRILLOS COMO ALTAR DE LA CARNE

Isaías 65:3 (RV1960)

“pueblo que en mi rostro me provoca de continuo a ira, sacrificando en huertos, y quemando incienso sobre ladrillos;”

El ladrillo aparece nuevamente asociado con una adoración incorrecta.

El pueblo estaba ofreciendo incienso sobre ladrillos, es decir, sobre aquello producido por el esfuerzo humano.

Dios nunca ha aceptado una adoración basada en el orgullo humano.

La verdadera adoración nace de un corazón rendido y no de la autosuficiencia.

El rey de Libna intenta convencer al creyente de que puede agradar a Dios mediante sus propios méritos, capacidades o justicia personal.

Sin embargo, la Escritura enseña que dependemos completamente de la gracia del Señor.

Toda adoración edificada sobre el orgullo humano termina siendo rechazada por Dios.

Toda adoración edificada sobre la dependencia de Cristo produce aceptación, bendición y comunión con el Padre.

El rey de Libna representa la fuerza humana, el humanismo y la opresión producida por la confianza en los recursos del hombre. Su influencia se manifiesta cuando la persona deja de depender de Dios y comienza a confiar en sus propias capacidades, razonamientos y esfuerzos.

La Biblia nos muestra que los ladrillos estuvieron presentes en Babel, en la esclavitud de Egipto y en los altares que provocaron la ira de Dios. En todos los casos representan aquello que el hombre produce sin depender del Señor.

Cristo nos llama a abandonar los ladrillos de la autosuficiencia para volver a las piedras vivas que Él edifica. Nos invita a salir de Egipto, permanecer en Gosén, rechazar el humanismo y reconocer que toda victoria proviene de Dios.

 

    Así como Josué derrotó al rey de Libna, nosotros también debemos derrotar toda confianza en la carne y rendirnos completamente al gobierno de Cristo.

    Porque la verdadera victoria no se alcanza por fuerza humana ni por capacidad propia, sino por el poder del Espíritu Santo obrando en nuestras vidas.

    Que el Señor nos ayude a vencer al rey de Libna y a vivir dependiendo únicamente de Él. Amén.

    Juan Carlos Pedroza Betancour

    Pastor General, Iglesia de Cristo Restauración